Entrevista a Samuel Soldevilla, presidente de la institución seglar Traditio Invicta, sobre el muy comentado futuro arzobispo de Lima.

Según algunas fuentes peruanas el nombramiento se comunicará desde la Ciudad del Vaticano hoy viernes a las 6 de la mañana (12 del medio día en Roma). Esta noticia ha generado distintos tipos de respuestas, en algunos temor y en otros esperanza, pero destaca aún más el que casi nadie sepa nada de este sacerdote.

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¿Quién es Carlos Castillo Mattasoglio?

En realidad no resulta difícil encontrar en la web que es un sacerdote diocesano incardinado en Lima, que es sociólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y que ostenta un doctorado en Sagrada Teología otorgado por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Sin embargo, a nivel del clero y de los fieles más atentos a lo que pasa con su jerarquía, es casi un desconocido. Si no fuera por los feligreses de su parroquia que lo ven celebrar Misa, durante los 20 años que tiene el Cardenal Juan Luis como ordinario de esta arquidiócesis, casi nunca se le ha visto participar en las reuniones o retiros del clero, ni siquiera en las solemnidades más importantes como podrían ser Corpus Christi, Misa Crismal, u otras similares. Donde sí es muy conocido y bien considerado es en los círculos sociales de aquellos que son enemigos declarados del Cardenal Juan Luis Cipriani.

¿Habría una suerte de distanciamiento entonces con el Cardenal Juan Luis Cipriani?

No es muy difícil percatarse de esto, por un lado tenemos una producción intelectual de la linea más progresista no sólo en lo que expone como teología de la regeneración y en tópicos históricos de tipo indigenista (que es un neomarxismo), sino también en la tristemente conocida teología de la liberación, aquella pérfida interpretación del Evangelio en clave marxista. Formó así parte de aquel grupo de sacerdotes rebeldes, entre los que destacan los jesuitas, que, contrariando la prohibición del Cardenal Juan Luis, siguió enseñando teología en la más que pervertida e inmoral Pontificia Universidad Católica del Perú, y es que claro, con sueldos de más de 15 mil soles mensuales, los autodenominados amigos de los pobres, hicieron aquella jugada de crear cursos subalternos seguro para no dejar a sus alumnos hambrientos de su sabiduría. Por otro lado, como suele recitar el viejo y conocido refrán “Dime con quién andas…”, lo podemos ver siempre muy de la mano con obispos y sacerdotes de corte filomarxista, entre los que destaca el conocido obispo emérito Mons. Bambarén.

Carlos Castillo Mattasoglio

¿Su decantamiento por la izquierda entonces es más que evidente?

Yo diría que sí, incluso en algunas publicaciones de Facebook y de Twitter, algunos más entendidos que yo y con más datos, hasta han expuesto una vinculación pasada con el Partido Comunista Revolucionario del Perú, cuya vinculación ideológica con el terrorismo que azotó este país hace algunas décadas no necesita presentación.

¿Este tipo de promoción episcopal con un marcado sesgo es un caso aislado o ya se ha dado en otras ocasiones?

Se deja ver en este pontificado un apoyo particular a los miembro de la jerarquía eclesiástica con una determinada linea ideológica casi siempre contraria a la doctrina de la Iglesia. No demanda mucha memoria ni mucho esfuerzo el señalar algunos de estos casos, en 2014 los cardenales Kasper y Dannels junto al cura Spadaro entre otros recibieron un tremendo espaldarazo del Papa siendo que incluso desde antes eran abiertamente progresistas, de izquierdas y pro LGTBI. Más tarde hizo lo mismo con el sacerdote LGTBI James Martin, el cardenal Marx y ni qué se diga del tema cardenal McCarrick. Junto a muchos otros nombres más, se comparte la misma linea que ostenta la Pontificia Universidad Católica del Perú en donde abiertamente se promocionan eventos proabortistas, pro LGTBI, ideología de género, despenalización de drogas, entre otras inmoralidades. Desde que el Papa Francisco sacó de dicha universidad al Cardenal Juan Luis, su cúpula universitaria se mueve a sus anchas en toda esta debacle moral, que, mal que bien, el Cardenal Cipriani intentaba resistir.

¿Frente a este panorama cuál sería la postura que recomiendas tomar?

La postura firme que adopto, junto a todos los militantes de Traditio Invicta, es la postura católica de siempre. Amar profundamente a la Iglesia que no se agota en su jerarquía eclesiástica sino que comprende a la totalidad de bautizados miembro del Cuerpo Místico de Cristo. Amor que lleva a desechar todo tipo de igualitarismo revolucionario escondido en un falso celo y que se exterioriza en expresiones vulgares, burlescas y tratamientos irreverentes con las dignidades eclesiásticas. Amor que obliga al fiel cristiano a amar la verdad más que a uno mismo, denunciando siempre el error sin faltar al principio universal y jerárquico de obediencia cristiana. En este último punto parafraseo lo dicho hace poco por el cardenal Müller, cuándo un obispo contradice la doctrina católica, se le desobedece con razón, esto porque antes que los hombres está Dios.

Que sepa el próximo nuevo arzobispo que no seremos pocos los que, sin faltar a la obediencia católica, desde Traditio Invicta, denunciaremos sus eventuales errores doctrinales casi con tanta insistencia como los sacrificios y penitencias que ofreceremos a Dios para que se mantenga fiel a su ministerio episcopal de enseñar, santificar y gobernar en total fidelidad a la doctrina milenaria de la Iglesia. Aunque Traditio Invicta, por ser una institución seglar, tiene como campo de acción el orden temporal y no el espiritual, buscando instaurar el Reinado Social de Cristo, no descarta el postularse como un fiel expositor de lo que la Iglesia enseña en su doctrina, ya que de esta procede su militancia. En este sentido, fiel a lo que expone el derecho canónico, seremos fieles cooperadores de nuestras autoridades religiosas.


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