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Arzobispo denuncia la burla contra la fe católica en los desfiles LGBT

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Durante su homilía en la Catedral de Cracovia en la Solemnidad de Pentecostés, el arzobispo ha asegurado que «los desfiles de la Igualdad (ndr: así se llaman en Poloniano son solo una negación completa de la belleza del hombre mismo como varón y mujer, de su humanidad. El último de estos tipos de eventos publicitados por los medios de comunicación y organizados en Gdansk y Varsovia se han convertido también en una ocasión para burlarse de la Eucaristía, que es lo más sagrado para los católicos»

El Desfile de la Igualdad recorrió las calles de Varsovia el sábado. En la parte del evento llamada Equality Town, se celebró una parodia de la Misa, dirigida por Szymon Niemiecka, un activista de la comunidad LGBT y clérigo de la secta autodenominada Iglesia Católica Ecuménica. Uno de los hombres que lo acompañaban en la ceremonia tenía un colador en la cabeza. Un vídeo del acto apareció en Internet y provocó la indignación de políticos y medios de comunicación conservadores, que aseguraron que era una acto burlón y ofensivo contra los sentimientos religiosos.

Exigen tolerancia para ellos que no tienen para los católicos

Mons. Jedraszwewski denunció que este tipo de desfiles «se han convertido en verdaderas sesiones de desprecio y odio.  Por lo tanto, pregunto a todos los responsables de nuestra vida social y nacional: ¿dónde hay espacio en estos desfiles para la tolerancia que sus organizadores tienen constantemente en sus labios y que exigen para sí mismos? ¿Es la tolerancia una forma de poder burlarse de los creyentes y hacerlo públicamente y con impunidad?» –

El portavoz de la Conferencia Episcopal de Polonia, Paweł Rytel-Andrianik, apoyó las palabras del arzobispo y denunció que «estos eventos tienen evidentes signos de blasfemia». Y añadió:

«En una sociedad en la que hay respeto por todos, no puede consentirse que se insulte a Dios y los creyentes. Si eso es la tolerancia, entonces los discursos sobre la tolerancia no tienen ningún valor».

Artículo original de Infocatólica

Declaración de las verdades relacionadas con algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo

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Fundamentos de la Fe

  1. El sentido correcto de las expresiones tradición viva, Magisterio vivo, hermenéutica de la continuidad desarrollo de la doctrina incluye la verdad que cada vez que se profundice en el entendimiento del Depósito de la Fe, sin embargo esta profundización no puede ser contraria al sentido que ha expuesto siempre la Iglesia en el mismo dogma, el mismo sentido y el mismo entendimiento (cf. Concilio Vaticano I, Dei Filius, sess. 3, c. 4: «in eodem dogmate, eodem sensu, eademque sententia»).
  2. «El significado mismo de las fórmulas dogmáticas es siempre verdadero y coherente consigo mismo dentro de la Iglesia, aunque pueda ser aclarado más y mejor comprendido. Es necesario, por tanto, que los fieles rehúyan la opinión según la cual en principio las fórmulas dogmáticas (o algún tipo de ellas) no pueden manifestar la verdad de modo concreto, sino solamente aproximaciones mudables que la deforman o alteran de algún modo; y que las mismas fórmulas, además, manifiestan solamente de manera indefinida la verdad, la cual debe ser continuamente buscada a través de aquellas aproximaciones.» Así pues, «los que piensan así no escapan al relativismo teológico y falsean el concepto de infalibilidad de la Iglesia que se refiere a la verdad que hay que enseñar y mantener explícitamente» (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la doctrina católica acerca de la Iglesia para defenderla de algunos errores actuales, 5).

Credo

  1. «El reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en que cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres. Pero con el mismo amor es impulsada la Iglesia para interesarse continuamente también por el verdadero bien temporal de los hombres. Porque, mientras no cesa de amonestar a todos sus hijos que no tienen aquí en la tierra ciudad permanente (cf. Heb 13,14), los estimula también, a cada uno según su condición de vida y sus recursos, a que fomenten el desarrollo de la propia ciudad humana, promuevan la justicia, la paz y la concordia fraterna entre los hombres y presten ayuda a sus hermanos, sobre todo a los más pobres y a los más infelices. Por lo cual, la gran solicitud con que la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar presente a ellos, ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en Aquel que es su único Salvador. Pero jamás debe interpretarse esta solicitud como si la Iglesia se acomodase a las cosas de este mundo o se resfriase el ardor con que ella espera a su Señor y el reino eterno.» (Pablo VI, Constitución apostólica Solemni hac liturgia, “Credo del pueblo de Dios”, 27). Es, por tanto, erróneo afirmar que lo que más glorifica a Dios es el progreso de las condiciones terrenas y temporales de la especie humana.
  2. Después de la institución de la Nueva y Eterna Alianza en Cristo Jesús, nadie puede salvarse obedeciendo solamente la ley de Moisés, sin fe en Cristo como Dios verdadero y único Salvador de la humanidad (cf. Rm 3,28; Gal 2,16).
  3. Ni los musulmanes ni otros que no tengan fe en Jesucristo, Dios y hombre, aunque sean monoteístas, pueden rendir a Dios el mismo culto de adoración que los cristianos; es decir, adoración sobrenatural en Espíritu y en Verdad (cf. Jn 4,24; Ef 2,8) por parte de quienes han recibido Espíritu de filiación (cf. Rm 8,15).
  4. Las religiones y formas de espiritualidad que promueven alguna forma de idolatría o panteísmo no pueden considerarse semillas ni frutos del Verbo puesto que son imposturas que impiden la evangelización y la eterna salvación de sus seguidores, como enseñan las Sagradas Escrituras: «El dios de este siglo ha cegado los entendimientos a fin de que no resplandezca para ellos la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2Cor 4,4).
  5. El verdadero ecumenismo tiene por objetivo que los no católicos se integren a la unidad que la Iglesia Católica posee de modo inquebrantable en virtud de la oración de Cristo, siempre escuchada por el Padre: «para que sean uno» (Jn 17,11), la unidad, la cual profesa la Iglesia en el Símbolo de la Fe: «Creo en la Iglesia una». Por consiguiente, el ecumenismo no puede tener como finalidad legítima la fundación de una Iglesia que aún no existe.
  6. El Infierno existe, y quienes están condenados a él a causa de algún pecado mortal del que no se arrepintieron son castigados allí por la justicia divina (cf. Mt 25,46). Conforme a la enseñanza de la Sagrada Escritura, no sólo se condenan por la eternidad los ángeles caídos sino también las almas humanas (cf. 2Tes 1,9; 2Pe 3,7). Es más, los humanos condenados por la eternidad no serán exterminados, porque según la enseñanza infalible de la Iglesia sus almas son inmortales (cf. V Concilio de Letrán, sesión 8.)
  7. La religión nacida de la fe en Jesucristo, Hijo encarnado de Dios y único Salvador de la humanidad, es la única religión positivamente querida por Dios. Por tanto, es errónea la opinión según la cual del mismo modo que Dios ha querido que haya diversidad de sexos y de naciones, quiere también que haya diversidad de religiones.
  8. «Nuestra religión [la cristiana] instaura efectivamente una relación auténtica y viviente con Dios, cosa que las otras religiones no lograron establecer, por más que tienen, por decirlo así, extendidos sus brazos hacia el cielo» (Pablo VI, exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 53).
  9. El don del libre albedrío con que Dios Creador dotó a la persona humana, concede al hombre el derecho natural de elegir únicamente el bien y lo verdadero. Ningún ser humano tiene, por tanto, el derecho natural a ofender a Dios escogiendo el mal moral del pecado o el error religioso de la idolatría, de la blasfemia o una falsa religión.

La Ley de Dios

  1. Mediante la gracia de Dios, la persona justificada posee la fortaleza necesaria para cumplir las exigencias objetivas de la ley divina, dado que para los justificados es posible cumplir todos los mandamientos de Dios. Cuando la gracia de Dios justifica al pecador, por su propia naturaleza da lugar a la conversión de todo pecado grave (cf. Concilio de Trento, sesión 6, Decreto sobre la justificación, cap. 11 y 13).
  2. «Los fieles están obligados a reconocer y respetar los preceptos morales específicos, declarados y enseñados por la Iglesia en el nombre de Dios, Creador y Señor. El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables de la observancia de los mandamientos de la Alianza, renovada en la sangre de Jesucristo y en el don del Espíritu Santo» (Juan Pablo II, encíclica Vertitatis splendor, 76). De acuerdo con la enseñanza de la misma encíclica, es errónea la opinión de quienes «creen poder justificar, como moralmente buenas, elecciones deliberadas de comportamientos contrarios a los mandamientos de la ley divina y natural». Por ello, «estas teorías no pueden apelar a la tradición moral católica» (íbid.).
  3. Todos los mandamientos de la Ley de Dios son igualmente justos y misericordiosos. Es, por tanto, errónea la opinión de que obedeciendo un mandamiento divino – como, por ejemplo,  el sexto mandamiento que prohibe cometer adulterio – una persona puede, en razón de esa misma obediencia, pecar contra Dios, perjudicarse a sí misma moralmente o pecar contra otros.
  4. “Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia” (Juan Pablo II, encíclica Evangelium vitae, 62). La divina revelación y la ley natural contienen principios morales que incluyen prohibiciones negativas que vedan terminantemente ciertas acciones, por cuanto dichas acciones son siempre gravemente ilegítimas por razón de su objeto. De ahí que sea errónea la opinión de que una buena intención o una buena consecuencia, pueden ser suficientes para justificar la comisión de tales acciones (cf. Concilio de Trento, sesión 6, de iustificatione, c. 15; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica, Reconciliatio et Paenitentia, 17; Encíclica Veritatis splendor, 80).
  5. La ley natural y la Ley Divina prohíben a la mujer que ha concebido a un niño matar la vida que porta en su seno, ya sea que lo haga ella misma o con ayuda de otros, directa o indirectamente (cf. Juan Pablo II, encíclica Evangelium vitae, 62).
  6. Las técnicas de reproducción «son moralmente inaceptables desde el momento en que separan la procreación del contexto integralmente humano del acto conyugal» (Juan Pablo II, Evangelium vitae, 14).
  7. Ningún ser humano puede estar jamás moralmente justificado, ni se le puede permitir desde el punto de vista moral, de quitarse la vida o hacérsela quitar por otros con el fin de escapar el sufrimiento. «Laeutanasia es una grave violación de la Ley de Dios,en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal» (Juan Pablo II, Evangelium vitae, 65).
  8. Por mandato divino y por la ley natural, el matrimonio es la unión indisoluble de un hombre y una mujer, ordenada por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole y al amor mutuo (cf. Gn 2,24; Mc 10,7-9; Ef 5,31-32). “Por su índole natural, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados por sí mismos a la procreación y a la educación de la prole, con las que se ciñen como con su corona propia” (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 48)
  9. Según el derecho natural y el divino, todo ser humano que hace uso voluntario de sus facultades sexuales fuera del matrimonio legítimo peca. Por tanto, es contrario a las Sagradas Escrituras y a la Tradición afirmar que la conciencia es capaz de determinar legítimamente y con acierto que los actos sexuales entre personas que han contraído matrimonio civil pueden en algunos casos considerarse moralmente correctos o hasta ser pedidos e incluso ordenados por Dios, aunque una de ellas o las dos estén casadas sacramentalmente con otra persona (cf. 1Cor 7, 11; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 84).
  10. La ley natural y Divina prohibe “toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación.” (Pablo VI, encíclica Humanae vitae, 14).
  11. Todo marido o esposa que se haya divorciado del cónyuge con quien estaba válidamente casado y contraiga después matrimonio civil con otra persona mientras aún vive su cónyuge legítimo, conviviendo maritalmente con su pareja civil, y que opte por vivir en ese estado con pleno conocimiento de la naturaleza de este acto y pleno consentimiento de la voluntad a este acto, está en pecado mortal y no puede por tanto recibir la gracia santificante ni crecer en la caridad. Por consiguiente, a no ser que tales cristianos convivan como hermano y hermana, no pueden recibir la Sagrada Comunión (cf. Juan Pablo II, exhortación apostólica Familiaris consortio, 84).
  12. Dos personas del mismo sexo pecan gravemente cuando se procuran placer venéreo mutuo (cf. Lev 18,22; 20,13; Rm 1,24-28; 1Cor 6,9-10; 1Tim 1,10; Jds 7). Los actos homosexuales “no pueden recibir aprobación en ningún caso” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2357). Así pues, es contraria a la ley natural y a la Divina Revelación la opinión que sostiene que del mismo modo que Dios el Creador ha dado a algunos seres humanos la inclinación natural a sentir deseo sexual hacia las personas del otro sexo, así también el Creador ha dado a otros la inclinación a desear sexualmente a personas del mismo sexo, y que es la voluntad del Criador que en determinadas circunstancias esa tendencia se lleve a efecto.
  13. Ni las leyes de los hombres ni ninguna autoridad humana pueden otorgar a dos personas del mismo sexo el derecho a casarse, ni declararlas casadas, ya que ello es contrario al derecho natural y a la ley de Dios. “En el designio del Creador complementariedad de los sexos y fecundidad pertenecen, por lo tanto, a la naturaleza misma de la institución del matrimonio” (Congregación para la doctrina de la fe, Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuals, 3 de junio de 2003, 3).
  14. Aquellas uniones que reciben el nombre de matrimonio sin corresponder a la  realidad del mismo, no pueden obtener la bendición de la Iglesia, por ser contrarias al derecho natural y divino.
  15. Las autoridades civiles no pueden reconocer uniones civiles o legales entre dos personas del mismo sexo que claramente imitan la unión matrimonial, aunque dichas uniones no reciban el nombre de matrimonio, porque fomentarían pecados graves entre sus integrantes y serían motivo de grave escándalo (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, 3 de junio de 2003).
  16. Los sexos masculino y femenino, hombre y mujer, son realidades biológicas, creadas por la sabia voluntad de Dios (cf. Gn 1, 27; Catecismo de la Iglesia Católica, 369). Es, por tanto, una rebelión contra la ley natural y Divina y un pecado grave que un hombre intente convertirse en mujer mutilándose, o que simplemente se declare mujer, o que del mismo modo una mujer trate de convertirse en hombre, o bien afirmar que las autoridades civiles tengan el deber o el derecho de proceder como si tales cosas fuesen o pudieran ser posibles y legítimas (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2297).
  17. De conformidad con las Sagradas Escrituras y con la constante Tradición del Magisterio ordinario y universal, la Iglesia no erró al enseñar que las autoridades civiles pueden aplicar legítimamente la pena capital a los malhechores cuando sea verdaderamente necesario para preservar la existencia o mantener el orden justo en la sociedad (cf. Gn 9,6; Jn 19,11; Rm 13,1-7; Inocencio III, Professio fidei Waldensibus praescriptaCatecismo Romano del Concilio de Trento, p. III, 5, n. 4; Pio XII, Discurso a los juristas Católicos, 5 de diciembre de 1954).
  18. Toda autoridad en la Tierra y en el Cielo pertenece a Jesucristo; de ahí que las sociedades civiles y cualquier otra asociación de hombres esté sujeta a su realeza, por lo que «el deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2105; cf. Pio XI, Encíclica Quas primas, 18-19; 32).

Los sacramentos

  1. En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía tiene lugar una maravillosa transformación de toda la sustancia del pan en el Cuerpo de Cristo y de toda la sustancia del vino en su Sangre, transformación que la Iglesia Católica llama muy apropiadamente transubstanciación (cf. IV Concilio de Letrán, cap.1; Concilio de Trento, sesión 13, c.4). «Cualquier interpretación de teólogos que busca alguna inteligencia de este misterio, para que concuerde con la fe católica, debe poner a salvo que, en la misma naturaleza de las cosas, independientemente de nuestro espíritu, el pan y el vino, realizada la consagración, han dejado de existir, de modo que, el adorable cuerpo y sangre de Cristo, después de ella, están verdaderamente presentes delante de nosotros bajo las especies sacramentales del pan y del vino» (Pablo VI, carta apostólica Solemni hac liturgia, “Credo del pueblo de Dios”, 25).
  2. Las palabras con las que expresó el Concilio de Trento la fe de la Iglesia en la Sagrada Eucaristía son idóneas para los hombres de todo tiempo y lugar, ya que son «doctrina siempre válida» de la Iglesia (Juan Pablo II, encíclica Ecclesia de Eucharistia, 15).
  3. En la Santa Misa se ofrece a la Santísima Trinidad un sacrificio verdadero y propio, y este sacrificio tiene un valor propiciatorio tanto para los hombres que viven en la tierra como para las almas del purgatorio. Es, por lo tanto, errónea la opinión según la cual el Sacrificio de la Misa consistiría simplemente en el hecho de que el pueblo ofrezca un sacrificio espiritual de oración y alabanza, así como la opinión de que la Misa puede o debe definirse solamente como la entrega que hace Cristo de Sí mismo a los fieles como alimento espiritual para ellos (cf. Concilio de Trento, sesión 22, c. 2).
  4. «La misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares. Nosotros creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su cuerpo y su sangre, que en seguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos; y creemos que la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y sustancial» (Pablo VI, Solemni hac liturgia, “Credo del pueblo de Dios”, 24).
  5. «Aquella inmolación incruenta con la cual, por medio de las palabras de la consagración, el mismo Cristo se hace presente en estado de víctima sobre el altar, la realiza sólo el sacerdote, en cuanto representa la persona de Cristo, no en cuanto tiene la representación de todos los fieles. (…) Que los fieles ofrezcan el sacrificio por manos del sacerdote es cosa manifiesta, porque el ministro del altar representa la persona de Cristo, como Cabeza que ofrece en nombre de todos los miembros. Pero no se dice que el pueblo ofrezca juntamente con el sacerdote porque los miembros de la Iglesia realicen el rito litúrgico visible de la misma manera que el sacerdote, lo cual es propio exclusivamente del ministro destinado a ello por Dios, sino porque une sus votos de alabanza, de impetración, de expiación y de acción de gracias a los votos o intención del sacerdote, más aún, del mismo Sumo Sacerdote, para que sean ofrecidos a Dios Padre en la misma oblación de la víctima, incluso con el mismo rito externo del sacerdote”. (Pío XII, encíclica Mediator Dei, 112).
  6. El sacramento de la Penitencia es el único medio ordinario por el que se pueden absolver los pecados graves cometidos después del Bautismo. Según el derecho divino todos esos pecados deben confesarse según su especie y su número (cf. Concilio de Trento, sesión 14, canon 7).
  7. El derecho divino prohíbe al confesor violar el sigilo del sacramento de la penitencia fuere por el motivo que fuere. Ninguna autoridad eclesiástica tiene potestad para dispensarlo del secreto del sacramento, y tampoco las autoridades civiles están facultadas para obligarlo a ello (cf. CIC 1983, can. 1388 § 1; Catecismo de la Iglesia Católica 1467).
  8. Por la voluntad de Cristo y por la inmutable tradición de la Iglesia, no se puede administrar el sacramento de la Sagrada Eucaristía a quienes estén objetivamente en estado de grave pecado público, y tampoco se debe dar la absolución sacramental a quienes manifiesten no estar dispuestos a ajustarse a la Ley de Dios, aunque esa falta de disposición corresponda a una sola materia grave (cf. Concilio de Trento, sess. 14, c. 4; Juan Pablo II, Mensaje al Cardinal William W. Baum,  22 de marzo de 1996).
  9. Conforme a la constante tradición de la Iglesia, no se puede administrar el sacramento de la Sagrada Eucaristía a quienes nieguen alguna verdad de la fe católica profesando formalmente adhesión a una comunidad cristiana herética o oficialmente cismática (cf. Código del Derecho Canónico 1983, can. 915; 1364).
  10. La ley que obliga a los sacerdotes a observar la perfecta continencia mediante el celibato tiene su origen en el ejemplo de Jesucristo y pertenece a una tradición inmemorial y apostólica, según el testimonio constante de los Padres de la Iglesia y de los Romanos Pontífices. Por esta razón, no se debe abolir esta ley en la Iglesia Romana por medio de la innovación de un supuesto celibato opcional de los sacerdotes, ya sea a nivel regional o universal. El testimonio válido y perenne de la Iglesia afirma que la ley de la continencia sacerdotal «no impone ningún precepto nuevo. Dichos preceptos deben observarse, porque algunos los han descuidado por ignorancia y pereza. Con todo, los mencionados preceptos se remontan a los apóstoles y fueron establecidos por los Padres, como está escrito: “Así pues, hermanos, estad firmes y guardad las enseñanzas que habéis recibido, ya de palabra, ya por carta nuestra” (2Tes 2,15). Lo cierto es que muchos, desconociendo los estatutos de nuestros predecesores, han violado con su presunción la castidad de la Iglesia y se han guiado por la voluntad del pueblo, sin temor a los castigos divinos» (Papa Siricio, decretal Cum in unum del año 386).
  11. Por voluntad de Cristo y por la divina constitución de la Iglesia, sólo los varones bautizados pueden recibir el sacramento del Orden, ya sea para el episcopado, el sacerdocio o el diaconado (cf. la carta apostólica de Juan Pablo II Ordinatio sacerdotalis, 4). Es más, la afirmación de que sólo un concilio ecuménico puede dirimir esta cuestión es errónea, dado que la autoridad de un concilio ecuménico no es mayor que la del Romano Pontífice (cf. V Concilio de Letrán, sesión 11; Concilio Vaticano I, sesión 4, c.3).

31 de mayo de 2019

Cardenal Raymond Leo Burke, Patrono de la Soberana y Militar Orden de Malta

Cardinal Janis Pujats, Arzobispo emérito de Riga

Tomash Peta, Arzobispo de la arquidiócesis de María Santísima en Astana

Jan Pawel Lenga, Arzobispo-Obispo emérito de Karaganda

Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la arquidiócesis de María Santísima en Astana

Prelados emiten declaración pública para corregir la ‘confusión doctrinal’

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Esta declaración pública de las verdades de la fe busca remediar la «confusión y desorientación doctrinal casi universal» que pone en peligro la salud espiritual y La salvación eterna de las almas en la Iglesia de hoy. Algunas de las 40 verdades que se buscan aclarar hacen referencia de forma implícita a las declaraciones ambiguas hechas por el Papa Francisco, mientras que otras se relacionan con puntos de confusión que surgieron o se intensificaron durante el pontificado actual. Otros abordan los errores morales en la sociedad que están dañando gravemente las vidas, como lo hace gran parte de la jerarquía.El documento de ocho páginas (VEA EL TEXTO COMPLETO HACIENDO CLIC AQUÍ), publicado en varios idiomas el lunes 10 de junio de Pentecostés, se titula Declaración de las verdades relacionadas con algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo.

La declaración sostiene las enseñanzas perennes de la Iglesia sobre la Eucaristía, el matrimonio y el celibato sacerdotal.

También se incluye entre las verdades de la fe que «el infierno existe» y que las almas humanas que están «condenadas al infierno por cualquier pecado mortal no arrepentido» sufren allí eternamente; que la «única religión querida positivamente por Dios» es la que nace con fe en Jesucristo; y que los «actos homosexuales» y la cirugía de reasignación de género son «pecados graves» y una «rebelión» contra la ley divina y natural. 

Los firmantes de la declaración incluyen: el cardenal Raymond Burke, patrón de la  Orden Soberana y Militar de Malta; El cardenal Janis Pujats, arzobispo emérito de Riga, Letonia; Su Excelencia Tomash Peta, Arzobispo de la archidiócesis de Santa María en Astana, Kazajstán; Jan Pawel Lenga, Arzobispo-Obispo emérito de Karaganda, Kazajstán; y Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astana.

Nota explicativa

En una nota explicativa repleta de referencias a San Pablo, los Padres de la Iglesia y los documentos del Concilio Vaticano II, los Cardenales y Obispos escriben que la Iglesia está experimentando una de las «mayores epidemias espirituales» en su historia, y un «letargo generalizado en el ejercicio del Magisterio en diferentes niveles de la jerarquía de la Iglesia en nuestros días «.

«Nuestro tiempo se caracteriza por un hambre espiritual agudo de los fieles católicos en todo el mundo para reafirmar esas verdades que están ofuscadas, socavadas y negadas por algunos de los errores más peligrosos de nuestro tiempo», dicen. 

Los prelados argumentan que los fieles se sienten «abandonados», al encontrarse a sí mismos en un tipo de «periferia existencial» y que tal situación exige con urgencia un «remedio concreto». La declaración pública de verdades que han firmado, agregan, no puede demorarse más. . 

Conscientes de su «grave responsabilidad» como obispos para enseñar la «plenitud de Cristo» y «decir la verdad en amor», dicen que la declaración se publica en un «espíritu de caridad fraterna» y como una «ayuda espiritual concreta», por lo que que los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos pueden confesar «privada o públicamente» estas verdades que hoy en día «están en su mayoría negadas o desfiguradas». 

Si bien los firmantes no especifican qué forma pueden tomar tales profesiones públicas, uno podría razonablemente imaginar que podría incluir un obispo que haga una profesión en su catedral, un sacerdote que haga una profesión en su parroquia, un superior religioso que haga una profesión en su monasterio o un grupo laico que hace una profesión en un evento público o en Internet. 

«Ante los ojos del Divino Juez y en su propia conciencia, cada obispo, sacerdote y fiel laico tiene el deber moral de dar testimonio inequívoco de aquellas verdades que en nuestros días están ofuscadas, socavadas y negadas», escriben los firmantes.

Al exhortar a los obispos y laicos católicos a «pelear la buena batalla de la fe» (1 Tim. 6: 12), los firmantes dicen que creen que «los actos privados y públicos de una declaración de estas verdades» podrían ser el comienzo de «un movimiento» confesar y defender la verdad, y reparar los «pecados ocultos y abiertos de apostasía» cometidos por el clero y los laicos por igual.

Los signatarios señalan, sin embargo, que «tal movimiento no se juzgará a sí mismo de acuerdo con los números, sino de acuerdo con la verdad».

«Dios no se deleita con los números (Or. 42: 7)», escriben, citando a San Gregorio de Nazianzo, quien vivió en medio de la confusión doctrinal de la crisis Arriana.

Lanzada un día después de Pentecostés, la declaración también hace hincapié en el poder de la «Fe católica inmutable» para unir a los miembros del Cuerpo místico de Cristo a través de las edades.

Enfatiza que las verdades de la fe no son contrarias a la práctica pastoral, sino que son pastorales por su propia naturaleza porque nos unen con Cristo, que es la Verdad Encarnada. 

La declaración implica, por lo tanto, que disfrazar la verdad o hacer que la opinión privada de uno sea doctrina es muy poco pastoral; y que confundir a otros, escandalizarlos al diluir la fe o parecer contradecir la tradición católica no es útil para la vida espiritual o emocional de las personas.

Retomando las palabras de San Agustín, los firmantes observan que la tarea particular de los obispos es pararse en «la torre de vigilancia pastoral».

«Una voz común de los pastores y los fieles, a través de una declaración precisa de las verdades, será sin duda un medio eficaz de ayuda fraternal y filial para el Sumo Pontífice en la situación extraordinaria actual de una confusión doctrinal general y desorientación en la vida». de la Iglesia ”, escriben.

Los obispos y cardenales enfatizan que la declaración se está emitiendo «en el espíritu de la caridad cristiana». Citando a San Pablo, notan que dicha caridad se demuestra cuidando «la salud espiritual tanto de los pastores como de los fieles, es decir, de todos los miembros del Cuerpo de Cristo «.

Los firmantes concluyen confiando la declaración de verdades al “Corazón Inmaculado de la Madre de Dios bajo la invocación ‘ Salus populi Romani ‘ (‘Salvación del pueblo romano’)”, dado el «significado espiritual privilegiado que este icono tiene para el Iglesia romana «.

Como señal de este encargo, la declaración y la nota explicativa están fechadas el 31 de mayo de 2019: la fiesta litúrgica de la Visita en el nuevo calendario, la fiesta de Nuestra Señora Virgen y Reina en el calendario antiguo y la fiesta opcional de Nuestra Señora. Mediadora de todas las gracias.

La declaracion

La declaración de verdades se compone de cuatro partes: Fundamentos de la fe (1-2), El Credo (3-11), La Ley de Dios (12-29) y Los Sacramentos (30-40).  

La primera parte, sobre los “Fundamentos de la fe”, aborda los ataques contra la infalibilidad de la Iglesia y el problema del relativismo doctrinal, es decir, la creencia de que el significado de la doctrina católica cambia o evoluciona, según la época o las circunstancias históricas.

Haciendo referencia a la constitución dogmática del Concilio Vaticano Primero sobre la Fe Católica,  Dei Filius, afirma que el «significado correcto» de expresiones como «Magisterio vivo», «hermenéutica de continuidad» y «desarrollo de doctrina» incluye la verdad de que «todo lo nuevo de las ideas pueden expresarse con respecto al depósito de la fe, sin embargo, no pueden ser contrarias a lo que la Iglesia siempre ha propuesto en el mismo dogma, en el mismo sentido y en el mismo significado” (1).

Al citar un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, agrega que «el  significado de las fórmulas dogmáticas permanece siempre verdadero y constante en la Iglesia, incluso cuando se expresa con mayor claridad o está más desarrollado». Añade que los fieles deben por lo tanto, «rechazar» la opinión de que las formulaciones dogmáticas no pueden «significar la verdad de una manera determinada» o que estas fórmulas dogmáticas son solo «aproximaciones» indeterminadas de la verdad (2).

La segunda parte, en «El Credo», disipa el error de que «Dios es glorificado principalmente por el hecho mismo del progreso en la condición temporal y terrenal de la raza humana» (3). También afirma que los musulmanes y otros no cristianos no adoran a Dios de la misma manera que los cristianos, ya que la adoración cristiana es un acto de fe sobrenatural (5). Además, establece que el objetivo del «verdadero ecumenismo» es que «los no católicos deben ingresar en esa unidad que la Iglesia católica ya posee indestructiblemente» (7). 

La Parte II del Credo también afirma explícitamente que «la justicia divina castiga eternamente a los que están condenados al infierno por cualquier pecado mortal no arrepentido».

En una clara referencia a la controvertida declaración que el Papa Francisco firmó en Abu Dhabi, afirmando que la «diversidad de religiones» es «querida por Dios», la Parte II también afirma que «La religión nacida de la fe en Jesucristo, el Hijo Encarnado de Dios y el único Salvador de la humanidad, es la única religión querida positivamente por Dios «. 

El Papa dijo en privado y posteriormente en una audiencia general del miércoles que la controvertida declaración de la declaración de Abu Dhabi se refiere a la voluntad «permisiva» de Dios, pero no ha habido una corrección oficial del documento.

La tercera parte de la declaración, sobre la «Ley de Dios», está dedicada a las verdades de la tradición moral católica. En esta tercera sección, los cardenales y los obispos reafirman la enseñanza de la Iglesia, como lo expresó el Papa Juan Pablo II en  Veritatis Splendor , de que los cristianos están obligados a «reconocer y respetar los preceptos morales específicos declarados y enseñados por la Iglesia en el nombre de Dios». «Basados ​​en la misma encíclica, rechazan la noción de que las» elecciones deliberadas de tipos de comportamiento contrarios a los mandamientos de la ley divina y natural «pueden de alguna manera ser justificadas como» moralmente buenas «(13).

Nuevamente, citando a Juan Pablo II ( Evangelium vitae ), los cardenales y los obispos reafirman que la Revelación Divina y la ley natural incluyen «prohibiciones negativas que prohíben absolutamente ciertos tipos de acción, en la medida en que este tipo de acción siempre es gravemente ilícito por su objeto» (14), es decir, actos intrínsecamente malos. Agregan, por lo tanto, que la opinión que dice que «una buena intención o una buena consecuencia es o puede ser suficiente para justificar la comisión de este tipo de acciones» es errónea(15).

En una serie de puntos, los firmantes reiteran la enseñanza de la Iglesia de que el aborto está “prohibido por la ley natural y divina” (16); que “los procedimientos que hacen que la concepción ocurra fuera del útero son moralmente inaceptables” (17); y que la «eutanasia» es una «grave violación de la ley de Dios», ya que es el «asesinato deliberado y moralmente inaceptable de una persona humana» (18).

La declaración también dedica varios puntos al matrimonio. Reafirma que «por orden divino y ley natural», el matrimonio es «una unión indisoluble de un hombre y de una mujer» que está «ordenada para la procreación y educación de los niños» (19-20). 

Reafirma que «por ley natural y divina, ningún ser humano puede voluntariamente y sin pecado ejercer sus poderes sexuales fuera de un matrimonio válido» (20), por ejemplo, a través de relaciones pre-matrimoniales, cohabitación. Agrega que es «contrario a la Sagrada Escritura y la Tradición afirmar que la conciencia puede juzgar de manera verdadera y correcta que los actos sexuales entre personas que han contraído un matrimonio civil entre sí, a veces pueden ser moralmente correctos o solicitados o incluso ordenados por Dios, aunque una o ambas personas estén casadas sacramentalmente con otra persona (véase 1 Corintios 7: 11; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica  Familiaris consortio , 84).

Al citar la encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI , reitera la prohibición de la Iglesia contra la anticoncepción, afirmando sobre esta que «cualquier acción que sea antes, en el momento o después de las relaciones sexuales, tiene la intención específica de prevenir la procreación, ya sea como un fin o como un medio. ”(21). 

En una clara referencia a la confusión que surgió después de la promulgación del documento sinodal Amoris Laetitia la declaración también reafirma que aquellos que obtienen un divorcio civil de un cónyuge con quien están válidamente casados ​​y forman una segunda unión, viven de manera marital con la pareja civil con pleno conocimiento y consentimiento, «están en un estado de pecado mortal y, por lo tanto, no pueden recibir la gracia santificadora y crecer en caridad» (22).

Con respecto a la homosexualidad, los firmantes reafirman con la Escritura y la tradición que «dos personas del mismo sexo pecan gravemente cuando buscan placer venéreo entre sí» (ver Lev 18:22; Lev 20:13; Rom 1: 24-28; 1 ​​Cor 6 : 9-10; 1 Tim 1:10; Judas 7) y que los actos homosexuales «bajo ninguna circunstancia pueden ser aprobados» ( Catecismo de la Iglesia Católica,  2357) (23). 

Por lo tanto, agrega que es «contrario a la ley natural y la Revelación Divina» decir que «como Dios el Creador ha dado a algunos humanos una disposición natural para sentir el deseo sexual de las personas del sexo opuesto, también ha dado a otros una disposición natural a sentir el deseo sexual por personas del mismo sexo, y que Dios pretende que se actúe sobre esta última disposición en algunas circunstancias”(23).

Con respecto al llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo, los cardenales y obispos afirman que ninguna “ley humana” ni “ningún poder humano” puede “otorgar a dos personas del mismo sexo el derecho a casarse entre sí o declararlas casadas, ya que esto es contrario a la ley natural y divina” (24).

Con respecto a la teoría de género, la declaración reafirma que «los sexos masculino y femenino, hombre y mujer, son realidades biológicas creadas por la sabia voluntad de Dios». Por lo tanto, la denominada cirugía de reasignación de género es una «rebelión contra la ley natural y divina».

La parte III de la declaración termina reafirmando las enseñanzas de la Iglesia sobre la legitimidad de la pena de muerte (28) y reafirmando sus enseñanzas sobre el reinado social de Cristo (29).

Finalmente, la Parte IV de la declaración, versa sobre los Sacramentos, reafirma la enseñanza de la Iglesia sobre la transubstanciación (30); sobre la naturaleza de la Santa Misa como “un sacrificio verdadero y apropiado a la Santísima Trinidad, sacrificio propiciatorio tanto para los hombres que viven en la tierra como para las almas en el Purgatorio” (32); sobre la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía; y sobre la diferencia esencial entre el sacerdocio ordenado y el sacerdocio de los fieles (34).

Con respecto al Sacramento de la Penitencia, reafirma la enseñanza del Concilio de Trento de que este sacramento es «el único medio ordinario por el cual los pecados graves cometidos después del bautismo pueden ser remitidos, y por la Ley Divina todos estos pecados deben ser confesados ​​por número y por especie». ”(Ver Concilio de Trento, sesión 14, can. 7). También establece que por ley divina «el confesor no puede violar» el sello de Confesión, ni ninguna «autoridad eclesiástica» o «poder civil» lo obliga a hacerlo (36).

Además, especifica que «en virtud de la voluntad de Cristo y de la Tradición inmutable de la Iglesia, el sacramento de la Sagrada Eucaristía no puede darse a aquellos que están en un estado público de pecado objetivamente grave, y no se puede dar la absolución sacramental. para aquellos que expresan su falta de voluntad para ajustarse a la ley divina, incluso si su falta de voluntad se refiere únicamente a un solo asunto grave (ver Concilio de Trento, sesión 14, c. 4; Papa Juan Pablo II, Mensaje al Cardenal Penitenciario Mayor William W Baum, el 22 de marzo de 1996) «.

La declaración concluye reafirmando que el celibato sacerdotal «pertenece a una tradición inmemorial y apostólica según el testimonio constante de los Padres de la Iglesia y de los Pontífices Romanos» (39). En una referencia aparente al próximo Sínodo Amazónico, por lo tanto, establece que el celibato sacerdotal «no debe abolirse en la Iglesia romana a través de la innovación de un celibato sacerdotal opcional, ya sea a nivel regional o universal» (39).

Finalmente, citando la Carta apostólica del Papa Juan Pablo II,  Ordinatio Sacerdotalis, la declaración de verdades concluye reafirmando el sacerdocio católico de hombres solamente: «ya sea en el episcopado, el sacerdocio o el diaconado».

Nota explicatoria a la «Declaración de verdades relativas a algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo»

En nuestro tiempo la Iglesia está experimentando una de las epidemias espirituales más grandes, es decir, una confusión y desorientación doctrinal casi universal, que es un peligro seriamente contagioso para la salud espiritual y la salvación eterna de muchas almas. Al mismo tiempo se debe reconocer un letargo generalizado en el ejercicio del Magisterio en los diferentes niveles de la jerarquía de la Iglesia en nuestros días. Esto se debe principalmente al incumplimiento del deber apostólico, como también manifiesta el Concilio Vaticano II, de «apartar de su grey los errores que la amenazan». (Lumen Gentium, 25).

Nuestro tiempo se caracteriza por una acusada hambre espiritual que padecen muchos fieles católicos en todo el mundo de una reafirmación de esas verdades que son confundidas, socavadas y negadas por algunos de los más peligrosos errores de nuestro tiempo. Los fieles, que también están sufriendo esta hambre espiritual, se sienten abandonados y por lo tanto se encuentran en una especie de periferia existencial. Tal situación demanda urgentemente un remedio concreto. Una declaración pública de las verdades concernientes a estos errores no puede admitir más dilación. Por lo tanto nosotros somos conscientes de las siguientes palabras atemporales dichas por el Papa San Gregorio Magno: «Que nuestra lengua no cese de exhortar, y habiendo emprendido el oficio de obispos, nuestro silencio no puede resultar en nuestra condenación ante el tribunal del Juez justo (…). El pueblo encomendado a nuestro cuidado abandona a Dios, y nosotros permanecemos en silencio. Ellos viven en pecado, y nosotros no extendemos nuestra mano para corregir». (In Ev. hom. 17, 3.14).

Somos conscientes de nuestra grave responsabilidad como obispos católicos con respecto a la advertencia de San Pablo, que enseña que Dios dio a su Iglesia «pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia Él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor». (Efesios 4, 12-16).

En el espíritu de caridad fraterna publicamos esta Declaración de verdades como una ayuda espiritual concreta, así que obispos, sacerdotes, parroquias, conventos, asociaciones de fieles, y personas privadas puedan también tener la oportunidad de confesar ya sea privada o públicamente esas verdades que en nuestros días son mayormente negadas o desfiguradas. La siguiente exhortación del apóstol Pablo debería ser entendida como dirigida también a cada obispo y fiel de nuestro tiempo, «combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tu profesaste noblemente delante de muchos testigos. Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de Nuestro Señor Jesucristo». (1 Tim 6,12-14).

Ante los ojos del Divino Juez y en propia conciencia, cada obispo, sacerdote, y laico, tiene el deber moral de ser testigo fiel de esas verdades que en nuestros días son confundidas, socavadas y negadas. Los actos públicos y privados de declaración de esas verdades podrían iniciar un movimiento de confesión de la verdad, de su defensa, y de reparación por los generalizados pecados contra la fe, por los pecados de apostasía tanto oculta como explícita de la fe católica de un número no pequeño tanto de clérigos como de laicos. Se debe tener en mente, sin embargo, que tal movimiento no se juzgará a sí mismo por los números, sino de acuerdo a la verdad, como San Gregorio Nacianceno dijo durante la confusión doctrinal general de la crisis arriana: «Dios no se deleita en los números». (Or. 42,7).

Siendo testigos de la inmutable fe católica, los clérigos y fieles deben recordar la verdad de que «la totalidad de los fieles, no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos, presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres». (CVII, Lumen gentium 12).

Santos y grandes obispos que vivieron en tiempos de crisis doctrinales pueden interceder por nosotros y guiarnos con su enseñanza, como lo hacen las siguientes palabras de San Agustín, que él dirigió al Papa san Bonifacio I: «Ya que la atalaya pastoral, es común a todos nosotros que ejercemos el oficio del episcopado (aunque usted es más prominente y por lo tanto en un lugar más alto), yo hago lo que puedo con respecto a mi pequeña porción, tal como el Señor consiente en darme el poder, ayudado por vuestras plegarias». (Contra ep. Pel 1,2).

Una voz común de los pastores y los fieles a través de una declaración precisa de estas verdades será sin ninguna duda un medio eficiente de ayuda fraterna y filial al Supremo Pontífice en la actual situación tan extraordinaria de confusión y desorientación doctrinal general en la vida de la Iglesia.

Nosotros hacemos pública esta declaración en el espíritu de caridad cristiana, que se manifiesta asimismo en el cuidado de la salud espiritual tanto de los pastores como de los fieles, es decir, de todos los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, siendo conscientes de las siguientes palabras de San Pablo en la Primera carta a los corintios: «Para que así no haya división en el cuerpo, sino que más bien, todos los miembros se preocupen por igual unos de otros. Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado todos se alegran con él. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro» (1 Cor 12, 25-27), y en la carta a los Romanos: «Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros. Conforme a la gracia que Dios nos ha dado, todos tenemos aptitudes diferentes. El que tiene el don de la profecía, que lo ejerza según la medida de la fe. El que tiene el don del ministerio, que sirva. El que tiene el don de enseñar, que enseñe. El que tiene el don de exhortación, que exhorte. El que comparte sus bienes, que dé con sencillez. El que preside la comunidad, que lo haga con solicitud. El que practica misericordia, que lo haga con alegría. Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor». (Rom 12, 4-11).

Los cardenales y obispos que firmamos esta «Declaración de verdades» la confiamos al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios bajo la invocación de «Salus populi Romani» (Salvación del pueblo romano) considerando el privilegiado significado espiritual que este icono tiene para la iglesia romana. Que toda la Iglesia católica, bajo la protección de la Inmaculada Virgen y Madre de Dios, «luche intrépidamente el combate de la fe, persista firmemente en la doctrina de los Apóstoles y camine con seguridad entre las tormentas del mundo hasta que alcance la ciudad celestial». (Prefacio de la misa en honor de la Sagrada Virgen María «Salvación del pueblo romano»).

31 de mayo 2019

Cardenal Raymond Leo Burke, Patrón de la Soberana Orden militar de Malta

Cardenal Janis Pujats, arzobispo emérito de Riga

Tomash Peta, arzobispo de la archidiócesis de Santa María en Astana

Jan Pawel Lenga, arzobispo-obispo emérito de Karaganda

Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astana. 

Las satánicas relaciones entre la presidencia venezolana y la brujería

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El periodista venezolano llamó la atención al publicar en 2015 su libro Los brujos de Chávez, en esta ocasión nos presenta un libro sobre la influencia del fallecido gurú Sai Baba en Nicolás Maduro. “Somos un país supersticioso, es algo cultural”, dice Placer, que reside en España desde hace unos 20 años y se encuentra en Estados Unidos para presentar El dictador y sus demonios. La secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela, publicado en Amazon. Lo leemos en El Pitazo, con información de Efe.

En este libro, el periodista de 40 años recoge el resultado de sus investigaciones sobre una faceta poco conocida del actual gobernante de Venezuela, al que la oposición y medio centenar de países no reconocen como tal y, en cambio, apoyan a Juan Guaidó, titular de la Asamblea Nacional, como presidente interino.

Fotografía del periodista David Placer

Entre la santería y Sai Baba

Por estos días, el disidente chavista Hugo Carvajal, ex jefe de la contrainteligencia militar venezolana y detenido en España por petición de Estados Unidos, ha afirmado que el presidente Maduro gasta cientos de miles de dólares en santeros cubanos (véanse sus declaraciones al final de este artículo).

También ha dicho que Maduro es “un devoto santero seguidor de Sai Baba”, algo que viene a corroborar la tesis de El dictador y sus demonios y a hacerle publicidad al libro, como dice con humor Placer, que el pasado 7 de junio lo presentó en Houston (Texas) después de haber hecho lo propio en Miami. El autor de El dictador y sus demonios afirma que la esposa de Maduro, Cilia Flores, es más supersticiosa que él. Con Cilia y varios sobrinos de ella Maduro viajó a la India a ver a Sai Baba en 2005, cuando era presidente de la Asamblea Nacional (AN), mucho antes de que “pudiera ni imaginar” que iba a llegar a la Presidencia de Venezuela.

Su brujo de cabecera

En sus investigaciones, Placer dice haber comprobado que además de devoto de Sathya Sai Baba (1926-2011), con viaje a la India incluido, y cliente de los babalaos de la santería, Maduro, que se dice “cristiano”tiene un brujo en Miami que viaja regularmente a Caracas a echarle las cartas.

El brujo se llama Cirilo Enrique Rodulfo, formó parte de las Fuerzas Armadas y cobra carísimo sus servicios, dice Placer. Las fuentes de Placer le contaron que un empresario camaronero venezolano acudió a él para saber si iba a encontrar comprador para su empresa. La vendió y la factura que recibió fue de 90.000 dólares, una cantidad que, pese a lo abultada, no dudó en pagar. “No quiero deberle a un brujo”, dijo a sus amigos.

Ese ex capitán del ejército vive en Miami, en Doral Isles, pero viaja a Caracas para responder consultas de Maduro, de quien es amigo, como lo fue de Chávez, según leemos en Infobae“Le llaman ‘El Profe’. Participó en el programa ‘La línea psíquica de Celia Cruz’, en Telemundo, que le abrió las puertas al mundo de artistas venezolanos que pagan miles de dólares por consultarlo, dijo Placer.

Durante los años de Chávez, agregó el periodista, el brujo “colocó a su hijo como vicecónsul de Venezuela en Miami”. Rodulfo se ha jactado de haberle pronosticado a Maduro que sería presidente aun antes de que Chávez se enfermase.

Relación estrecha con el gurú indio

Placer sólo pudo confirmar el viaje de Maduro al ashram del gurú Sai Baba de 2005 citado antes, pero en la India miembros de la organización Sathya Sai Baba, a cargo del legado de quien sus devotos consideran que fue un dios viviente, le dijeron que hubo otros después, aunque él no pudo contrastarlo.

En el viaje de 2005 Maduro tuvo dos reuniones con el gurú, una pública, junto a 30 devotos venezolanos, y otra privada. Hay una fotografía que ha circulado por las redes en la que se ve al dirigente chavista a los pies de Sai Baba.

De acuerdo con el libro, el presidente “obrero”, como le gusta llamarse a sí mismo, está rodeado tanto de santeros como de “saibabistas”. Entre estos últimos está el canciller, Jorge Arreaza; la ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela; y el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, dice Placer.

Cuando se le pregunta si Maduro ha reconocido alguna vez su relación con Sai Baba públicamente, Placer dice que en dos ocasiones y que una de ellas fue en una entrevista que le concedió al periodista del medio digital Descifrado Roger Santo Domingo, autor de la biografía De verde a Maduro. La otra fue en una entrevista con la periodista Maye Primera para El Mundo, en 2003.

Hay unos 1.200 centros Sai Baba en 114 países de todo el mundo y sus seguidores se cuentan por millones, de acuerdo con fuentes de la organización Sathya Sai Baba. El líder espiritual, rodeado en vida de acusaciones de abusos sexuales y delitos financieros y poseedor de un gran imperio económico, predicaba cinco puntos de disciplina para transformar “hogares y pueblos”: “Silencio”, “Limpieza”, “Servicio”, “Amor” y “No odio”. David Placer destaca que paradójicamente la Venezuela de Maduro es la antítesis de esos cinco puntos.

La fascinación por lo esotérico

Cuando se le pregunta el porqué de la afición a lo esotérico de los presidentes venezolanos, dice que es producto de “la soledad del poder” y de “no poder confiar en nadie”. Según dice, no solo quieren que les predigan su futuro y les adviertan de conspiraciones y otros males, también pueden pedir a sus brujos “trabajos” para “pisotear” a sus rivales y enemigos.

Sobre el famoso episodio del “pajarito” que Maduro contó que se le apareció y le dijo que era el difunto Chávez, señala que puede deberse a que cree en la reencarnación, como el fallecido presidente. Hay algunos que piensan que lo dijo para caer bien al pueblo o para exponer gráficamente su comunión con Chávez, pero Placer piensa que “de verdad él cree en esas cosas”.

Un dato curioso es que Sai Baba y Maduro nacieron el mismo día del año, el 23 de noviembre, algo que él dice a sus allegados que “no es una casualidad”, según Placer.

Represión y tortura… realizadas por los “devotos”

David Placer viajó al ashram de Sai Baba en Puttaparthi “porque no se conocían los intríngulis de ese viaje, con quién se reunió Maduro”, dijo a Infobae“Empecé en esa línea de investigación, pero terminé con dos narrativas en paralelo: una es el viaje de Maduro allí y la otra es —una faceta más oscura— el hecho de que los ministros que desarrollaron las políticas de represión y tortura en Venezuela son saibabistas o han visitado a Sai Baba.

En su nuevo libro, Placer revela así los puentes invisibles entre lo peor del régimen que se puede encontrar en Venezuela y la ilusión y la devoción absoluta, una contradicción increíble”. De hecho, en sus páginas explica por qué el saibabismo “tiene tanto calado” en su país. “Es algo completamente desconocido en España, donde vivo, pero en Venezuela todo el mundo ha escuchado hablar.

En las filas del chavismo se asomaban otros devotos que, según el libro de Placer, terminaron por tejer lo que hoy es “una red de espionaje invisible e inviolable, construyeron las más terroríficas mazmorras y dirigen la aniquilación de opositores y a chavistas disidentes con total impunidad”.

La inteligencia de los Estados Unidos, destacó Placer, no ignora el papel de este grupo. “En el año 1987 contactaron al segundo en el mando en Panamá, Roberto Díaz Herrera, quien hizo una denuncia pública contra Manuel Noriega, y comenzó la revuelta”, recordó el periodista. En su momento, Díaz Herrera dijo que lo había obligado a hacerlo el libro con la sabiduría de Sai Baba que leía, y le ordenaba adherirse a los valores humanos: “Verdad, rectitud, amor, paz y no violencia”.

Agregó Placer: “Y ahora Elliot Abrahams contacta con [el canciller venezolano] Jorge Arreaza, que es un devoto de Sai Baba. No me parece casualidad que busquen a un saibabista en el entorno de Maduro para negociar”. Pero la figura más ominosa de su relato es la ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela. La titular de cárceles ha creado un sistema horroroso, el pranato”, agregó.

“Los pranes son los líderes de las cárceles, que gobiernan las prisiones, construyen piscinas, discotecas y mantienen un negocio millonario del robo de vehículos, secuestro y vicariato. La ministra ha dado poder absoluto a los pranes, que salen de prisión a su antojo y organizan el amedrentamiento y el asesinato de los adversarios del régimen. Algunos de los testimonios del libro confiesan cómo salen de la cárcel por orden de la Guardia Nacional para asesinar y regresar a la cárcel para que el crimen permanezca impune”, detalló Placer.

Según su libro, Varela “no es devota, sino que viajó por curiosidad al ashram junto con el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz”, quien también fue vicepresidente. “La mujer de este hombre es muy devota de Sai Baba. Sucede con ellos igual que con la pareja presidencial: quien es realmente devota es Cilia Flores”. Flores es muy amiga de Varela.

“Capaya Rodríguez, la máxima dirigente del saibabismo en Sabana Grande, y apenas Maduro llegó a presidente ascendió de manera vertiginosa a embajadora de Filipinas”, mostró otro ejemplo.

La secta de Sai Baba en Venezuela

Por exótico que suene, en Venezuela el saibabismo existe desde la década de 1970, y se estima que cuenta con unos 200.000 seguidores“Cuando fui a Putthaparthi me llamó la atención la cantidad de latinoamericanos. La cantidad más alta eran primero los argentinos y luego los venezolanos”, observó Placer.

Preguntó por qué. “Descubrí que las primeras traductoras de sus libros al español fueron una venezolana y una argentina, a quienes se les despertó una devoción por él”, agregó el periodista. Adelina del Carril de Güiraldes, de Buenos Aires, trató al gurú en la década de 1950, y Arlette Meyer, de Caracas, inició una serie de viajes al ashram en 1972.

Maduro es uno de los millones de devotos que siguen las enseñanzas del que considera su “maestro espiritual” en 113 países del mundo. En su libro De verde a Maduro, Roger Santo Domingo escribió que el retrato de Sathya Narayana Rayu Ratnakara —valorado en su niñez como un avatar del dios Visnú, y en su juventud proclamado como la reencarnación del santo Sai Baba de Shirdi— acompañó al sucesor de Chávez en todas sus oficinas, hasta la del Palacio de Miraflores.

En 2011, siendo Maduro ministro de Relaciones Exteriores, cuando Sai Baba murió, la Asamblea Nacional decretó un día de luto en Venezuela. Nada se dijo de las denuncias de abuso sexual y delitos financieros que ensombrecieron la fama del gurú.

Un gobierno empapado de brujería

David Placer, periodista venezolano emigrado a España, donde pesquisó vida y negocios de los líderes chavistas en Europa, había publicado Los brujos de Chávez, un éxito de ventas. “Todo comenzó con los rituales realizados por el presidente en su etapa conspirativa, escribió. “Tras su llegada a la presidencia, Chavez se acercó a todas las condiciones y creencias, se bañó en las cascadas de Sorte, se dejó leer el tabaco, pidió en televisión el poder de los rayos de los brujos de la revolución y celebró un ritual santero frente a las huesos del libertador Simón Bolívar.

De Cuba llegaron “santeros y babalawos” que se dispersaron en “las oficinas públicas, los ministerios y los estamentos militares”, agregó Placer. Su libro dio a conocer “la sala de rituales y sesiones de espiritismo” que, argumentó, existe en la sede presidencial.

La idea de Los brujos de Chávez comenzó a rondarlo en 2012, cuando el bolivariano se trataba en Cuba un cáncer que terminó por matarlo. “En esos días los canales de televisión oficialistas no dejaban de transmitir los rezos de los chamanes indígenas del Amazonas y los rituales babalawos para sentenciar una pronta curación, recordó en el texto.

“Las oraciones en favor de la salud del comandante eterno se habían convertido en una prioridad para el canal del Estado y para el gobierno. Ya los rituales no se escondían, agregó. “El grito desesperado a los orishas debía ser difundido a todo el país”.

Como si no hubiera contradicciones, los chavistas en el poder entonces, como los de ahora, pueden ser a la vez “marxistas, leninistas y santeros”, comentó Placer. “Tienen un arroz con mango en todos los sentidos: espiritual, ideológico, con sus propias vidas”.

Lo confirma el ex jefe de inteligencia

Nicolás Maduro es “un ser sin escrúpulos”“un devoto santero” y un “seguidor de Sai Baba” que gastó miles de dólares provenientes de las arcas públicas para participar en rituales espiritistas en Cuba. Esto es lo que afirma Hugo “El Pollo” Carvajal, el ex jefe de espías del fallecido presidente Hugo Chávez y férreo opositor al actual líder chavista, según informa Perfil.

“¿Apegado a valores espirituales o espiritistas?”, dijo Carvajal en una carta publicada en Twitter. ¿Cómo te atreves a llamarte cristiano cuando eres seguidor de cuanta creencia se te cruza por enfrente? Eres un devoto santero, seguidor de Sai Baba y quien sabe de qué otra religión. Supongo que de alguna manera debes canalizar en tu interior las atrocidades que has cometido contra el Pueblo de Venezuela”.

Hugo “El Pollo” Carvajal

“La gente debería saber que tu padrino de santería es Carlos Osorio [el ministro de Alimentación]”, dice Carvajal, quien ejerció como jefe de la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGICIM) y fue despedido en 2013 por “mala conducta”“También debería saber que tus sacrificios religiosos en Cuba los pagaba tu ministro de Finanzas, que en al menos una oportunidad envió un maletín de $500,000 en efectivo a La Habana en un avión de PDVSA”.

También se burla de Maduro por creer “que los pájaros son reencarnaciones humanas y pueden hablar”.

Lección preliminar – Catecismo Mayor de San Pio X

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1.- ¿Sois cristiano? – Sí, señor; soy cristiano por la gracia de Dios.

2.- ¿Por qué decís por la gracia de Dios?– Digo por la gracia de Dios porque el ser cristiano es un don enteramente gratuito de Dios nuestro Señor, que no hemos podido merecer.

3.- ¿Quién es verdadero cristiano?– Verdadero cristiano es el que está bautizado, cree y profesa la doctrina cristiana y obedece a los legítimos Pastores de la Iglesia.

4.- ¿Qué es la doctrina cristiana? – Doctrina Cristiana es la doctrina que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo para mostrarnos el camino de la salvación.

5.- ¿Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo?– Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo, y faltan gravemente los que descuidan aprenderla.

6.- ¿Tienen los padres y los amos obligación de mandar a sus hijos y dependientes al Catecismo?– Los padres y los amos tienen obligación de procurar que sus hijos y dependientes aprendan la doctrina cristiana, e incurren en culpa delante de Dios si descuidan esta obligación.

7.- ¿De quién hemos de recibir y aprender la doctrina cristiana?– La doctrina cristiana la hemos de recibir y aprender de la santa Iglesia Católica.

8.- ¿Cómo estamos ciertos de que la doctrina cristiana que recibimos de la Santa Iglesia es realmente verdadera?– Estamos ciertos que la doctrina cristiana que recibimos de la Iglesia Católica es realmente verdadera porque Jesucristo, divino Autor de esta doctrina, la confió por medio de sus Apóstoles a la Iglesia fundada por El, a la cual constituyó Maestra infalible de todos los hombres y prometió su divina asistencia hasta el fin del mundo.

9.- ¿Hay otras pruebas de la verdad de la doctrina cristiana?– La verdad de la doctrina cristiana se demuestra, además, por la santidad eminente de tantos que la profesaron y profesan, por la heroica fortaleza de los mártires, por su rápida y admirable propagación en el mundo y por su completa conservación por espacio de tantos siglos de varias y continuas luchas.

10.- ¿Cuántas y cuáles son las partes principales y más necesarias de la doctrina cristiana?– Las partes principales y más necesarias de la doctrina cristiana son cuatro: El Credo, Padrenuestro, Mandamientos y Sacramentos.

11.- ¿Qué nos enseña el Credo?– El Credo nos enseña los principales artículos de nuestra santa fe.

12.- ¿Qué nos enseña el Padrenuestro? – El Padrenuestro nos enseña todo lo que hemos de esperar de Dios y todo lo que hemos de pedirle.

13.- ¿Qué nos enseñan los Mandamientos?– Los Mandamientos nos enseña todo lo que hemos de hacer para agradar a Dios, que se resume en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

14.- ¿Qué nos enseña la doctrina de los Sacramentos?– La doctrina de los Sacramentos nos enseña la naturaleza y buen uso de los medios instituidos por Jesucristo para perdonarnos los pecados, comunicarnos su gracia e infundir y acrecentar en nosotros las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad.

San Bonifacio. Obispo y mártir

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Fue por el año 680, en la localidad de Crediton, en el reino anglosajón de Wessex, que vino al mundo Winfrido, el futuro Bonifacio. Su familia brillaba por la fe y su posición social. Con tan sólo cinco años, Winfrido ya suplicaba a su padre que lo dejase abrazar la vida monástica. Éste, después de repetidas insistencias y no pocas dudas, finalmente cedió.

Winfrido tenía entonces siete años y se dirigió a la abadía de Exeter, donde inició sus estudios bajo la dirección del santo abad Wolphard. Algunos años después los prosiguió en la abadía de Nutcell, perteneciente a la diócesis de Winchester.

En aquellas dos abadías su alma se descubrió. En Nutcell, sus rápidos progresos en las ciencias literarias lo elevaron en poco tiempo a la situación de profesor. Por aquel entonces compuso una gramática latina, que aún existe.

A los 30 años recibió la ordenación sacerdotal y poco después, como resultado de un sínodo en el cual participaron el rey de Wessex, Ine, y el clero, fue enviado en una embajada ante el arzobispo de Canterbury, que debería aprobar las decisiones de aquel sínodo. Se comportó en aquella negociación con tanta habilidad y prudencia, que a partir de entonces pasó a ser invitado a participar en todos los sínodos.

Pero Winfrido no se interesaba sólo por la ciencia profana o por tales embajadas. En vez de ir detrás de una vana erudición, se entregó al estudio de la Sagrada Escritura, atraído por su belleza. Y después comenzó a enseñar a los que lo rodeaban e incluso a monjes que acudían de conventos distantes para oírlo.

En aquella alma comenzaba a nacer el futuro misionero, que sólo pensaba en huir de las honras y de la propia patria, para ir a llevar la luz de la fe a los desheredados paganos.

En el 716 partió a Alemania, tierra de sus antepasados, con tres compañeros de Nutcell. Llegaron a Utrecht, capital de Frisia, en la actualidad repartida entre los Países Bajos y Alemania, donde el rey Radbodo era un gran perseguidor de la fe católica.

Allí habían estado rápidamente San Amando y San Eloy. Más tarde fue campo de apostolado del obispo San Willibrordo, que después de la muerte de Pipino de Heristal en 714, tuvo que retirarse a la abadía de Echternach debido a la ferocidad de sus habitantes.

Winfrido tampoco pudo establecerse en la región y regresó a Nutcell, donde estuvo a punto de nunca salir, pues con la muerte del anciano abad Wimbert, fue designado por unanimidad para sucederle. Sin embargo, ingentes instancias suyas y del obispo de Winchester lograron que fuese elegido otro candidato.

Libre nuevamente y premunido de cartas de su amigo, el obispo Daniel de Winchester, partió para Roma el otoño de 718. Fue paternalmente acogido por el Papa Gregorio II, que le concedió, en la primavera de 719, una carta de investidura para predicar la fe a los idólatras de la Germania. Le recomendó que siguiese las reglas de la liturgia romana para administrar los sacramentos y consultase a la Sede Apostólica en los casos difíciles. Y latinizó su nombre, de Winfrido a Bonifacio, lo mismo que “bienhechor”.

Después de visitar Baviera y Turingia, Bonifacio regresó a Frisia, que acababa de ser reconquistada por los francos y a donde había vuelto el obispo Willibrordo, su compatriota. Éste, ya anciano, vio con alegría la llegada del joven misionero, y quiso hacerlo su sucesor. Aunque más preocupado con el trabajo que con las dignidades, Bonifacio decidió, después de tres años de labor y de experiencias fecundas, llevar la fe a regiones más necesitadas.

Atracción por las tareas arduas

Partió así al interior de Alemania y se estableció en Hesse. El territorio dependía de los francos y había sido visitado anteriormente por misioneros irlandeses como San Kilion, pero permanecía profundamente pagano. Bonifacio inició una evangelización metódica estableciendo en Amöneburg la primera fundación monástica.

Deseoso de conocer los primeros resultados, Gregorio II lo invitó de nuevo a Roma. El Papa tenía la intención de elevarlo a la dignidad episcopal, pero quería antes interrogarlo para certificarse de su doctrina. Bonifacio le envió entonces, por escrito, una profesión de fe. Entonces Gregorio II le reveló su propósito de consagrarlo obispo. Y Bonifacio, que había rehusado análogo deseo de San Willibrordo, no osó resistir al Romano Pontífice: fue consagrado el 30 de noviembre de 722.

San Bonifacio derriba el árbol de la idolatría, frente al asombro de los germanos, que se convierten

Se convirtió en obispo, no de una diócesis particular, sino dependiente directamente de la Sede Apostólica. En tales circunstancias, prestó juramento de persistir en la pureza de la santa fe católica, en la unidad de la Iglesia universal y en la fidelidad al Vicario de Cristo. El Papa le envió una compilación de los cánones de los concilios y cartas de recomendación, especialmente para Carlos Martel. El duque de los francos le dispensó un buen recibimiento y le extendió un salvoconducto.

La protección del duque, pero sobre todo la misión concedida por Roma y el carácter episcopal del que se encontraba en adelante revestido le granjearon renovado prestigio a los ojos de los germanos. Y el santo no perdió tiempo.

La población de Hesse tomaba por divinidad a un roble sagrado de Thor, en la montaña de Gudenberg, en Geismar. Bonifacio decidió ir con algunos compañeros a tumbarlo. Apenas iniciada la tarea, el árbol se vino abajo, como si hubiese sido alcanzado por un viento impetuoso. Los paganos vieron en ello un juicio de Dios. Y frente a la impotencia de los ídolos para defenderse, se pasaron en gran número a la fe cristiana. El obispo se sirvió de la madera para edificar, en el lugar, una capilla en honra de San Pedro.

Al cabo de un año, Bonifacio juzgó la evangelización en Hesse suficientemente avanzada como para dirigirse a Turingia, donde permanecería durante siete años (de 724 a 731).

Allí, aunque ya se había iniciado la predicación católica, la vida religiosa se encontraba extremamente lánguida, con un clero ignorante o relajado.

Bonifacio decidió entonces fundar el monasterio de San Miguel de Ohrdruff, cerca de Gotha, que se convertiría en baluarte del cristianismo. Para poblarlo, y a fin de obtener auxiliares para su obra, apeló a sus amigos ingleses, hombres y mujeres. Éstos, viendo el ardor que animaba al misionero, acudieron con prontitud y en gran número.

Para la consolidación de tal empresa contribuyeron particularmente los irlandeses, tanto por su generosidad como su santo ejemplo y celo apostólico, fundando varios monasterios.

Apoyo de los grandes, autonomía preservada

Bonifacio y los suyos introdujeron un método misionero especial, consistente en buscar el apoyo de los reyes y de los grandes, aunque sin enfeudarse a ellos. Para apoyar el apostolado y mantener los resultados fundaban monasterios destinados a hombres y mujeres, verdaderas escuelas de civilización, donde se enseñaba la agricultura, las artes y sobre todo la fe cristiana.

El nuevo Papa Gregorio III lo nombró arzobispo y le confirió el palio.

San Bonifacio permaneció durante casi nueve años en Baviera. Evangelizada por San Ruperto y San Corbiniano, se mantenía sin organización jerárquica, y abarcaba buena parte de Austria, constituyendo una de las mayores regiones de Alemania.

Viajó a Roma con varios compañeros, vio al Sucesor de Pedro, asistió a un Concilio y regresó consolado, alentado, esclarecido y cargado de reliquias para sus nuevas fundaciones. Además, conquistó a dos hermanos, ambos ingleses: Wunnibald, que fuera en peregrinación a Roma y allí se hiciera monje; y a través de él, a Willibald, que extendió su viaje hasta Jerusalén y después se unió a su hermano en Alemania, donde San Bonifacio más adelante lo haría obispo.

Regresó a Baviera para continuar la evangelización y proveerla de diócesis, estableciéndolas en Salzburgo, Freising, Ratisbona y Passau. Una vez dotada de organización regular y expulsados los elementos de desorden, la fe retomó nuevo vigor. Después, San Bonifacio regresó a Hesse y a Turingia.

En Turingia meridional o Franconia, nuestro santo creó una diócesis en Wurzburgo. Para unir esas tierras con los dominios de Baviera, creó otra sede episcopal, esta vez en Eichstätt, de la cual quedó como obispo el ya citado Willibald, y donde fueron pronto fundados dos monasterios.

De ese modo, transcurridos cerca de veinte años, San Bonifacio había edificado una vasta y sólida cristiandad en los territorios sometidos a los francos. Pero todavía faltaba coronar esa obra.

Martirio de San Bonifacio

Ya vimos el amor que San Bonifacio tenía por los monasterios y la importancia que les atribuía, al punto de querer que cada diócesis poseyera uno o varios. Desde hacía mucho nutría el deseo de ver uno implantado en el centro de Alemania, que le sirviera al mismo tiempo de lugar de reposo y cuartel general.

Encargó entonces a Sturmi, un joven monje, que descubriera en los bosques de Hesse y de Turingia un lugar bastante amplio, al mismo tiempo fértil y guarnecido, donde pudiera ser acogido un considerable número de monjes y misioneros. La búsqueda fue larga y penosa; pero finalmente Sturmi encontró el lugar soñado. Sturmi ya había visto ese lugar, pero no supo evaluar su aptitud para la finalidad perseguida. Una verificación más atenta lo convenció y San Bonifacio pidió enseguida al rey Carlomán la cesión del terreno, en Fulda, y pusieron manos a la obra.

La constitución del monasterio de Fulda

El día 12 de enero de 744, Sturmi y siete otros monjes tomaron posesión del lugar. Todos los años San Bonifacio se dirigía allí en búsqueda de reposo y recogimiento, así como para instruir a aquellos jóvenes en las tradiciones monásticas.

El monasterio de Fulda se transformó en la base sólida para la evangelización de Alemania; a la muerte de San Bonifacio contaba con 400 monjes. Para realizar la importante tarea que tenía en vista a través de él, obtuvo del Papa Zacarías la inmunidad pontificia, el primer privilegio de ese género conocido en la Historia.

Pero el celo del apóstol de Alemania iba más lejos. Con la muerte de Carlos Martel, en 741, el reino franco fue dividido entre sus hijos Pepino y Carlomán. Este último, íntimo amigo de San Bonifacio, terminaría sus días como monje, en la abadía de Montecassino, en Italia. Pero al heredar la Austrasia, San Bonifacio dependería en adelante de él.

Ambos decidieron entonces eliminar los abusos de muchos laicos deseosos de conservar los beneficios y las honras de la Iglesia —que habían recibido en recompensa por servicios prestados a Carlos Martel—, substituyéndolos por personas santas que de hecho los merecían. Y al mismo tempo proceder a una reforma en la disciplina de los monjes celtas, muy independientes con relación a la Jerarquía.

Enérgico reformador de la disciplina eclesiástica

En 742, con el consentimiento del Papa Zacarías, decidió San Bonifacio convocar una serie de concilios a fin de emprender la reforma de la disciplina eclesiástica.

Pepino también quiso para sí algo análogo, y así fue realizado un concilio en Soissons (743), para sus Estados, y al año siguiente otro, general, con la presencia de todos los obispos francos.

Sin estos concilios el bello período de prosperidad de la época carolingia no habría existido. Y el mérito por casi todo ello se debe a quien los dirigió, o sea, a San Bonifacio.

He aquí algunas de las medidas tomadas: estrechar los lazos de los sacerdotes con sus obispos y de éstos con sus arzobispos; destituir a los prelados indignos y substituirlos por obispos santos (entre los cuales cabe citar a San Crodegango, obispo de Metz, que trabajó eficazmente en la reforma del clero y la institución de los canónigos regulares); imponer a los nobles la devolución de los bienes eclesiásticos por ellos confiscados.

Tumba de San Bonifacio en Fulda

En 747 fue convocado un Concilio para sancionar las deliberaciones de los anteriores. Todos los obispos presentes firmaron una profesión de fe, la cual fue depositada en el trono de San Pedro antes de ser entregada al Papa, para remarcar la unión de la Iglesia franca y su sumisión al Vicario de Cristo.

Los cuidados que prodigó a la Iglesia franca no hicieron a San Bonifacio olvidar las necesidades de la Iglesia germánica, cuya organización quiso concluir.

Sin una Sede fija, pensó establecerse en Colonia, donde podría dirigir al mismo tiempo a Galia, Germania y Frisia, que pretendía reconquistar. Pero como había muchos elementos irreductibles en el clero franco de Colonia, acabó aceptando, en 747, la Sede primacial de Maguncia.

Ese mismo año Carlomán abdicó y se retiró a la abadía de Montecassino. En 752 San Bonifacio consagró a Pipino el Breve como rey de los francos, en Soissons, dando inicio a la época carolingia.

Coronación de su vida por el martirio

Ya septuagenario, San Bonifacio quiso partir hacia Frisia. Presintiendo sin embargo la muerte que se aproximaba, antes de viajar pidió ser sepultado en Fulda.

Se dirigió a Utrecht en el 753, retomando los viajes apostólicos hasta el momento en que, sorprendido por el fanatismo de los paganos, fue martirizado por ellos en Dokkum, juntamente con 52 compañeros. Era el día 5 de junio de 754. Sus restos mortales fueron transportados inicialmente a Maguncia, y enseguida, atendiendo a su deseo, hacia Fulda, donde reposan.

Fuentes de referencia

1. Les Petits Bollandistes, Vie des Saints, Bar-le-Duc, Typographie des Célestins, Ancienne Maison L. Guérin, 1874, t. V, pp. 459-464.

2. Vie des Saints, par les RR. PP. Bénédictins de Paris, Librairie Letouzey et Ané, 1946, t. V, pp. 83-93.

Artículo Original de Helio Viana para fatima.org.pe

San Francisco Caracciolo. Confesor

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Dios nuestro Señor suscitó en el siglo XVI varias órdenes religiosas para hacer frente a la herejía protestante y a la decadencia de costumbres. Una de ellas fue la de los Clérigos Regulares Menores, fundada por San Francisco Caracciolo y por el venerable Juan Agustín Adorno para la atención de las parroquias y la vida conventual.

Ascanio Caracciolo (nombre de bautismo) nació el 13 de octubre de 1563 en Villa Santa María, en el reino de Nápoles, en una ilustre familia de la nobleza local.

Desde pequeño se destacó por su suma gentileza, rectitud, amor a la penitencia y una tierna devoción a la Santísima Virgen. Tan pronto como aprendió a leer, comenzó a rezar diariamente el Pequeño Oficio de Nuestra Señora y el rosario, y a ayunar los sábados en honra de la Madre de Dios.

En la adolescencia, a fin de evitar la ociosidad y vencer la concupiscencia de la carne, manteniendo una pureza sin mancha, Ascanio se dedicaba a la cacería y a otros ejercicios corporales.

A los 22 años, cuando aún no había escogido un estado de vida, contrajo una violenta lepra, que le provocó una llaga en el estómago, colocando su vida en riesgo. Ascanio sintió entonces en carne propia cuán frágil y efímera es la existencia terrena, y pensó en la eternidad. Prometió entonces a Dios que, si se curaba, le consagraría el resto de sus días. El beneplácito divino no se hizo esperar, pues milagrosamente sanó con tanta prontitud y eficacia, que no le quedó en el cuerpo marca alguna de la mortal enfermedad.

Una carta: una equivocación providencial

Ascanio comunicó entonces a sus padres su resolución y, en posesión de la parte que le correspondía de la herencia paterna, la distribuyó a los pobres y se dirigió a Nápoles, a fin de iniciar sus estudios eclesiásticos. En 1587, gracias a su portentosa inteligencia y aplicación, fue ordenado sacerdote.

Había en Nápoles una benemérita cofradía llamada de los Penitentes Blancos, cuyos miembros se ocupaban particularmente de preparar a los condenados para la muerte, auxiliar espiritual y materialmente a los cautivos y condenados a las galeras, y evangelizar a pobres y necesitados. El santo ingresó en esta cofradía, dedicando parte de su tiempo a ese apostolado, hasta el fin de sus días.

Sin embargo, el Padre Ascanio suplicaba a Dios que le hiciera comprender qué quería de él, pues sentía que aún no había encontrado su verdadera vocación.

Fue así que, en cierto día de 1588, recibió una carta de un pariente suyo, el venerable Fabrizio Caracciolo, que cambió su vida. En efecto, se trataba de una invitación para que el destinatario fuera a la residencia del Padre Fabrizio para conversar sobre algo que le podría interesar. Allí encontró también a otro sacerdote, Juan Agustín Adorno, de ilustre familia de Génova, que había abandonado el mundo y deseaba fundar una nueva Orden religiosa uniendo la vida activa a la contemplativa. Lo más extraordinario es que el destinatario de la misiva era otro con el mismo nombre de nuestro Ascanio, pero ella, por una equivocación, fue entregada a éste. Los tres sacerdotes vieron en ello la mano de la Providencia, tanto más cuanto el futuro santo se interesó notoriamente por el proyecto y quiso participar en él.

Ascanio y Agustín se dirigieron entonces a un eremitorio camaldulense cerca de Nápoles para que, en el recogimiento y en la oración, el proyecto madurase. Como eran personas serias, para alcanzar las bendiciones de Dios establecieron entre sí un turno de penitencias, de manera que mientras uno ayunaba a pan y agua, el otro se disciplinaba. Surgieron así los Clérigos Regulares Menores, para la mayor gloria de la Iglesia.

Atención parroquial y vida conventual

¿Qué distinguía a estos clérigos regulares de los simples sacerdotes y de los religiosos con votos? “Por clérigos regulares se entiende esos cuerpos de hombres en la Iglesia que, por la propia naturaleza de su instituto, unen la perfección del estado religioso con el oficio sacerdotal. Es decir, siendo esencialmente clérigos, entregados al ejercicio del ministerio de la predicación, de la administración de los sacramentos, de la educación de la juventud, y de otras obras de misericordia espirituales y corporales, son al mismo tiempo religiosos en el más estricto sentido de la palabra, profesando votos solemnes, y haciendo vida de comunidad de acuerdo con la regla solemnemente aprobada por el soberano Pontífice”.[1]

Los dos fundadores encontraron pronto a muchos seguidores: “Los clérigos regulares fueron tan exitosos y populares cuanto bien adaptados a las modernas necesidades, que su modo de vida fue escogido como modelo para varias comunidades de hombres, sean religiosas o seculares, viviendo bajo una regla, en que la Iglesia ha sido tan prolífica en tiempos recientes”.[2] Los primeros religiosos en adoptar este modelo de vida habían sido los Teatinos, fundados por San Cayetano de Thiene en Roma, en 1524.

Villa Santa María, donde nació San Francisco Caracciolo

Así, la congregación fundada por San Francisco Caracciolo y por el venerable Adorno era al mismo tiempo contemplativa y activa. Y a los tres votos usuales —pobreza, obediencia y castidad— añadieron un cuarto: el de no aspirar a dignidades eclesiásticas fuera de la Orden, ni buscarlas dentro de ella. Hacían adoración perpetua al Santísimo Sacramento por turnos. La Orden también prescribía frecuentes exámenes de consciencia, la práctica continua de la oración, y rigurosas mortificaciones. Así, los hermanos se alternaban en los sacrificios diarios: mientras uno ayunaba a pan y agua, otro aplicaba la disciplina y un tercero portaba el cilicio, de modo que la penitencia no cesase jamás de aplacar la cólera de Dios y atraer sus bendiciones.[3] El lema de la Orden era Ad majorem Dei Resurgentis gloriam, escogido por Francisco y Adorno cuando hicieron su profesión el Domingo de Pasión de 1589.[4]

Cuando alcanzaron el número de doce, Ascanio y Agustín se dirigieron a Roma para conseguir la aprobación de su Orden. “Al recibirlos, el Papa Sixto V, con aquella dulzura y amabilidad que lo caracterizaban, fijó en ellos su bondosa y penetrante mirada, y en un instante midió la prodigiosa sabiduría, piedad y prudencia del más joven, Ascanio, que tenía 25 años, y quedó muy agradablemente sorprendido. Encomendó el examen del proyecto de la nueva orden religiosa a una comisión de tres cardenales, que él mismo nombró.[…] Transcurrieron dos meses cuando, contra toda esperanza, el día 1º de julio de 1588, Sixto V expidió una bula creando la Orden de los Clérigos Regulares Mínimos”.[5]El Papa les confió el convento de Santa María Mayor o Pietrasanta, en Nápoles.

Ascanio Caracciolo cambió entonces su nombre por el de Francisco, por devoción a San Francisco Javier.

En peligro de naufragio, recurso a la Estrella del Mar

Siguiendo el deseo del Sumo Pontífice, al año siguiente los dos fundadores partieron a España con la intención de fundar allí una casa de su Orden.

Pero ésta no estaba aún en los planes de la Providencia y los dos religiosos tuvieron que regresar a Italia. Pasando por Valencia, un religioso inglés que huyera de Inglaterra a causa de las persecuciones de la impía reina Isabel I, predijo a los dos religiosos: “Vosotros sois los fundadores de una Orden nueva, que se dilatará en breve para la gloria de Dios y la salvación de las almas, y que florecerá particularmente en este reino”.[6] Lo cual confortó mucho a los dos amigos.

Antes que partieran a Nápoles, San Francisco Caracciolo reunió a toda la tripulación del barco en una ermita en las márgenes del Mediterráneo, exhortándola a colocarse bajo el amparo de la Estrella del Mar, pues habrían de correr grandes riesgos en la travesía. Realmente fue lo que sucedió, y sólo se evitó un naufragio gracias a las oraciones de los dos religiosos. El navío a la deriva terminó encallando en un banco de arena de una playa desierta. Para huir de las manifestaciones de regocijo y agradecimiento de la tripulación, los dos mínimos entraron en un bosque. En él se perdieron, pero fueron salvados milagrosamente.

Juan Agustín Adorno falleció, en olor de santidad, en setiembre de 1591, con apenas 40 años. San Francisco fue entonces escogido por unanimidad como Superior General de los Menores.

La gloria de Dios, su única finalidad

San Francisco Caracciolo fue nuevamente a España para intentar fundar una casa. Esta vez el monarca Felipe II entregó su pedido para que lo estudiara el cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo, que se manifestó favorable a la empresa. Así se fundó la primera casa en España, dedicada al glorioso patriarca San José.

La obra progresaba visiblemente, suscitando el odio de los adversarios que toda obra de Dios encuentra. Un poderoso e influyente señor de la corte consiguió que el Real Consejo mandara clausurar inmediatamente la casa, concediendo un plazo de diez días para que los religiosos salieran de España.Después de intensas gestiones, como último recurso, San Francisco fue a postrarse a los pies de Felipe II, implorando su ayuda. El monarca quedó tan impresionado con el santo que, a pesar de la opinión de su Real Consejo, ratificó la fundación y la permanencia de los religiosos en el país.

En un tercer viaje a España, San Francisco estableció una casa en Valladolid y otra en Alcalá de Henares. Innumerables milagros y prodigios marcaron su estadía en Madrid, de modo que el pueblo pasó a llamarlo Apóstol del amor divino, pues el santo tenía siempre en los labios las palabras de David: “El celo de tu casa me devora” (Sal 68, 10), siendo la gloria de Dios el único fin de todos los sus actos.

Curaba haciendo la señal de la cruz sobre los enfermos que le eran presentados, y del mismo modo expulsaba al demonio de los posesos.

Lugar del reposo por los siglos de los siglos

San Francisco escogió para su aposento en Nápoles un vano muy pequeño e incomodo debajo de la escalera de la casa, donde entraba frecuentemente en éxtasis. Allí le encontraron los eclesiásticos que, de parte del Papa Paulo V, fueron a ofrecerle el episcopado, que él rechazó.

Villa Santa María, donde nació San Francisco Caracciolo

A pesar de ser relativamente joven —algo más de 40 años de edad— San Francisco obtuvo dispensa de todos los cargos y oficios para, como decía, prepararse para la muerte. Pero tuvo que ceder cuando le pidieron que fuese a establecer una fundación en Agnona, pues en el camino podría venerar a Santa Casa de Loreto. Allá, pasando la noche en oración, se vio de repente rodeado por una claridad celestial, se le apareció entonces Agustín Adorno,resplandeciente de luz: “Querido hermano, le dijo él,soy mensajero de María para decirte, de parte de esta bondadosa Madre, que amorosamente cubre con su manto a nuestra familia, convirtiéndose desde ya en su Protectora y Abogada. Ella me dio otro encargo: de decirte que, dentro de pocos días, serás llamado a la bienaventuranza eterna”.[7]

De ese modo, cuando llegó a Agnona, el santo exclamó jubiloso: “Haec est requies mea in saeculum saeculi” (He aquí el lugar de mi reposo por los siglos de los siglos). Los religiosos no entendieron lo que él quería decir con eso.

En su estadía en Agnona, San Francisco encontró un joven que llevaba una vida muy licenciosa. Lo instó entonces a convertirse al Señor, para evitar la perdición eterna. El insensato acogió esas palabras con una sonrisa de superioridad, burlándose de la amenaza. Entonces San Francisco le dijo, con mirada severa: “Está bien, ya que te mofas de este último llamado de la misericordia de divina, ¡dentro de una hora caerás en las manos de su justicia!” Antes que se cumpliera la hora predicha, el joven mundano cayó muerto. Poco después, atacado por una fiebre cada vez más alta, el santo vino a fallecer el día 4 de junio de 1608, a los 44 años. Fue beatificado por Clemente XIV el 10 de setiembre de 1769, y canonizado por Pío VII el 27 de mayo de 1807.


[1] JOHN F.X. MURPHY, Clerks Regular, The Catholic Encyclopedia, CD Rom edition.

[2] Id. Ib.

[3] Cf. LES PETITS BOLLANDISTES, Saint François Caracciolo, Vies des Saints, Bloud et Barral, Libraires-Éditeurs, París, 1882, t. VI, p. 449.

[4] Cf. FRANCESCO PAOLI, St. Francis Caracciolo, The Catholic Encyclopedia, CD Rom edition.

[5] EDELVIVES, San Francisco Caracciolo, El Santo de Cada Día, Ed. Luis Vives, Zaragoza, 1947, t. III, pp. 355-356.

[6] BOLLANDISTES, op. cit. p. 450.

[7] EDELVIVES, p. 361; BOLLANDISTES, p. 454.

Artículo original de Plinio María Solimeo para fatima.org.pe

Obispo pide a Maduro no más “derramamiento de sangre” en Venezuela

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El Obispo de Cúcuta (Colombia), Mons. Víctor Manuel Ochoa Cadavid, pidió al régimen de Nicolás Maduro “ver esta realidad dramática de un pueblo que sufre”

“Los gobernantes de esta nación tienen que ver esta realidad dramática de un pueblo que sufre. Faltan medicinas, faltan alimentos, faltan servicios, falta una atención a enfermedades catastróficas muy graves”, expresó el Obispo a ACI Prensa.

El Prelado dio estas declaraciones días después del intento de la oposición liderada por Juan Guaidó de ingresar la ayuda humanitaria a Venezuela desde las fronteras con Brasil y Colombia. En el caso de la frontera colombo-venezolana, el punto de ingreso era la ciudad de Cúcuta, donde por varios días se almacenó la ayuda internacional, mayormente enviada por Estados Unidos, junto a otros países.

Sin embargo, la guardia venezolana y paramilitares afines a Maduro impidieron el paso de los camiones y atacaron a quienes transportaban la ayuda humanitaria.

Estos ataques causaron al menos cuatro muertos y decenas de heridos, además de quemar dos  camiones cargados de alimentos y medicamentos.

Durante la entrevista, Mons. Ochoa señaló que la Iglesia en Colombia ayuda a los migrantes venezolanos con la casa de paso “Divina Providencia” y otros centros de ayuda, donde brindan comida, atención médica y distribución de medicamentos.

Actualmente en la casa de paso ubicado en el barrio La Parada, a escasos pasos del puente internacional Simón Bolívar, asisten a unas 10,000 personas, entre niños, mujeres embarazadas y adultos mayores que cruzan la frontera.

La casa de paso y los otros centros de ayuda de la Diócesis de Cúcuta se sostienen gracias al apoyo de voluntarios de los movimientos apostólicos parroquiales, médicos, diáconos, sacerdotes, haciendo un total de 800 personas.

Mons. Ochoa dijo que esta labor pastoral es como “una expresión del Santo Padre Francisco: ser ‘hospital de campaña’, y este es un lugar donde el alma se rompe cuando una madre viene con un chico desnutrido, cuya desnutrición es irreversible para los médicos”.

Junto con el Prelado, el coordinador de esta obra, el P. José David Caña, explicó el drama que viven los venezolanos en estos centros.

“Vienen entre 40,000 y 50,000 personas, que cruzan los puentes y las trochas. Solo podemos abastecer a 4,000 o 5,000. Damos el 10 % de las necesidades”, expresó el sacerdote.


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Obispos piden rezar por el inicio del diálogo en Nicaragua

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En un mensaje difundido en las redes sociales, el Arzobispo de Managua, Cardenal Leopoldo Brenes, invitó a los fieles a rezar “para que podamos poner un sincero esfuerzo por trabajar auténticamente por el bien común, declinando todo afán egoísta e intereses sectarios, en la búsqueda de nuevos horizontes para Nicaragua”.

Estos horizontes, indicó, deben estar fundados “en el respeto de los derechos humanos, promoviendo una cultura de diálogo y de entendimiento. María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros”.

En su cuenta de Facebook, la Conferencia Episcopal de Nicaragua se unió a esta intención del Cardenal Leopoldo Brenes “en la campaña ‘Juntos Oremos’”. Además, pidió a la Inmaculada Concepción de María que interceda por el país.

Asimismo, el Obispo Auxiliar de Managua, Mons. Silvio Báez, aseguró su oración “por Nicaragua al iniciar hoy negociaciones”.

“Que se renuncie a intereses personales e ideológicos y no se anteponga nunca lo económico a los derechos humanos. Que todo sea transparente, con todos los presos políticos liberados y con las libertades públicas restituidas”, expresó en su cuenta de Twitter.

En el inicio del diálogo asistieron como testigos el Cardenal Brenes y el Nuncio Apostólico en Nicaragua, Mons. Waldemar Stanislaw Sommertag.

#JuntosOremos por los gobernantes y la sociedad nicaragüense. #ArquidiocesisdeManagua

Posted by Arquidiócesis de Managua on Wednesday, February 27, 2019

Sin embargo, el diario La Prensa de Nicaragua informó que el Gobierno vetó la participación del Obispo de Matagalpa, Mons. Rolando Álvarez, en la mesa del diálogo. La oposición exige que el Prelado pueda estar presente.

El acercamiento de hoy ocurre después de casi ocho meses del primer intento de diálogo. Sin embargo, para que la reunión de este miércoles pudiera llevarse a cabo, la oposición exigió al régimen liberar a los presos políticos y manifestantes detenidos durante las protestas que comenzaron en abril de 2018.

Según la oposición, los detenidos son más de 700. Sin embargo, los excarcelados este miércoles 27 y que pasarían a tener prisión domiciliaria no serían más de cien. El Gobierno no informó si en los próximos días dejarían la cárcel más personas.

Además de la liberación de los manifestantes, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia también pidió “el restablecimiento de las libertades, derechos y garantías establecidos por la Constitución Política” y «reformas electorales que garanticen unas elecciones justas, libres y transparentes».

En sus redes sociales indicó que “en este primer encuentro estamos definiendo la hoja de ruta para asegurar un proceso transparente, efectivo y concreto”.


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Ya han pasado seis años desde que Benedicto XVI dejó de ser Papa

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El 28 de febrero de 2013 a las 5:07 p.m. (hora local), Benedicto XVI abandonó el Vaticano en helicóptero con destino a Castel Gandolfo. Desde el balcón de la residencia de verano de los pontífices, el que había sido Papa durante ocho años se dirigió a las personas congregadas en la plaza para decirles: «Soy simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinaje en esta tierra».

Concluido su traslado a Castel Gandolfo, y cerradas las puertas del recinto, comenzó la Sede Vacante.

En Castel Gandolfo, vivió durante dos meses, mientras se realizaban las adaptaciones oportunas en la que iba a ser su nueva residencia, en el antiguo monasterio Mater Eclesiae.

No obstante, durante esos 62 días, no estuvo solo. De hecho, las primeras imágenes “robadas” del Pontífice lo mostraban paseando por los jardines junto a su secretario personal, Mons. Georg Gänswein.

Además, recibió algunas visitas, como la de su sucesor el Papa Francisco, quien fue a Castel Gandolfo el 23 de marzo. Ese día, las primeras imágenes de ambos abrazándose delante del helicóptero y rezando en la capilla arrodillados en el mismo banco dieron la vuelta al mundo.

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Poco más de un mes después, Benedicto XVI regresó al Vaticano donde le esperaba Francisco para darle la bienvenida. A partir de entonces, Benedicto XVI comenzó una nueva vida en el monasterio Mater Ecclesiae junto a las cuatro memores Domini (Rossella, Loredana, Carmela y Cristina), las laicas consagradas de Comunión y Liberación que le asisten desde entonces y el prefecto de la Casa Pontificia y secretario particular de Benedicto XVI, Mons. Georg Gänswein.

Aunque en las primeras imágenes que se difundieron tras su renuncia, se le vio que usaba bastón y que se movía con dificultad, él mismo se ha encargado durante los meses sucesivos de dejar claro que se encuentra «muy bien». Así se lo aseguró al actor italiano Lino Banfi cuando mantuvo un encuentro con él en el monasterio Mater Eclesiae, ocasión en la que también le indicó que «toca el piano, lee, estudia y reza».

En octubre de 2017, Mons. Gänswein desmintió los rumores surgidos en Facebook que afirmaban que Benedicto XVI estaba al borde de la muerte.

El 11 de febrero de 2017, al cumplirse cuatro años de la renuncia de Benedicto XVI al Pontificado, el P. Federico Lombardi, exvocero del Vaticano, afirmó que el Papa alemán vive en oración y con extrema discreción su servicio de acompañamiento a la Iglesia y de solidaridad con su sucesor, el Papa Francisco.

El sacerdote jesuita, que se desempeñó como Director de la Sala de Prensa durante el Pontificado de Benedicto XVI, dijo que si bien las fuerzas físicas de Joseph Ratzinger se han debilitado debido a su edad, “aquellas mentales y espirituales son perfectas”.

La tarde del 21 de diciembre de 2018, el Papa Francisco visitó a Benedicto XVI en el Monasterio Mater Ecclesiae para darle el tradicional saludo de Navidad.

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