Más del 80% de víctimas son adolescentes varones, menos del 4% de sacerdotes abusivos son realmente pedófilos, el verdadero problema es el homosexualismo.

En la actualidad, el abuso sexual que han sufrido monjas y seminaristas ha sido dejado de lado por los medios de comunicación, quienes se han concentrado en investigar el “homosexualismo” clerical al interior de la Iglesia Católica donde el 80% de víctimas de abuso sexual son adolescentes varones. La realidad es que los partidarios del LGTB enfocan el problema como “pedofilia”.

La raíz del problema radica en que en el pasado cuando un seminarista o monja denunciaba un acto de abuso sexual, se le pedía retirarse de su Congregación o se le aislaba dentro de la misma para evitar que hable de los abusos al interior de su Congregación, como lo hacía el pedófilo fallecido Padre Marcial Maciel o se le sometía a un riguroso sistema de lavado de cerebro, como han denunciado muchas de las víctimas de abuso sexual al interior del Sodalicium.

Un ejemplo de la gravedad del abuso sexual de un obispo a una monja, es la noticia que nos llega desde la India, donde el Obispo Franco Mulakkal de Jullundur, fue arrestado el pasado 21 de septiembre de 2018 por haber abusado sexualmente de manera repetida y durante dos años a una monja. Tal grave hecho se conoció tanto por la denuncia de la agraviada monja, como por los intensos interrogatorios a los que fue sometido en Kochi, el mencionado obispo.

La rapidez con la que actuaron las autoridades ante la grave denuncia y posterior confesión, llevando al acusado ante el Tribunal al día siguiente de su arresto, es una clara señal que se envía al Papa Francisco y al Vaticano: de que ante la inacción de las autoridades eclesiales, de someter a los clérigos culpables de abuso sexual ante la justicia, el Estado garantizará que las víctimas de abuso sexual, encuentren en el brazo protector del Estado, la garantía de la no impunidad de los abusos sexuales de que fueron víctimas.

En el año de 1994, una valiente monja, la Hna. O’Donohue escribió un informe detallado sobre un estudio de abuso sexual al interior de Congregaciones en 23 naciones y documentando cómo 29 monjas habían sido embarazadas producto de actos de violación al interior de una sola Congregación. Este grave problema, afecta a naciones en desarrollo, especialmente el África, hacía énfasis el mencionado Informe.  Lamentablemente, en lugar de investigar estos reclamos y disciplinar a los culpables, el Vaticano a menudo enviaba los informes a los mismos clérigos responsables de los crímenes.

Y es penoso reconocer que el Informe de la Hna. O’Donohue tuvo un nulo impacto en su momento y algo parecido sucedió con las muchas denuncias que hacían las monjas y seminaristas víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes y obispos, las cuales llegaban a manos de los mismos abusadores: un círculo vicioso que alimentó la impunidad de los malsanos clérigos; sino solo recordar el triste y celebre caso de Marcial Maciel, quien como hemos comentado, tejió una red de control absoluto al interior de su Congregación, la Legión de Cristo, donde las denuncias de abuso sexual que él mismo cometía eran calladas por sus cómplices colaboradores, la cúpula más cercana de padre Marcial Maciel, quien falleció en el 2008, sin rendir cuentas de sus atrocidades ante la justicia.

Existen en la actualidad casos notables que reclaman nuestra atención, como lo es del chileno Cdl  Ricardo Ezzati, quien fue llamado recientemente a declarar ante las autoridades locales luego de permanecer en silencio ante graves denuncias de abuso sexual en su contra.  

Es claro que el Papa Francisco debe responder ante este llamado urgente y mostrar una postura firme, más allá de la retórica idealista de la mea culpa, que ha puesto de manifiesto en varias declaraciones al admitir el error de la Iglesia por no sancionar con firmeza a los obispos y sacerdotes que han cometido abusos sexuales en contra de menores, sino también en contra de monjas y seminaristas. De lo contrario, la acción del Estado comenzará a tomar un rol preponderante y eficaz para sancionar los crímenes de índole sexual cometido por malos elementos de la Iglesia Católica.


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Editorial Traditio Invicta

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