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Elecciones arequipeñas, voto útil, voto ético y mal menor

¿Cuántas veces nos hemos visto en la terrible situación, en medio de un proceso electoral, de tener que elegir de entre una lista de malos candidatos?

Este domingo han sido las elecciones en segunda vuelta por el gobernador regional de Arequipa, entre los candidatos Élmer Cáceres y Javier Ísmodes. Como es habitual en muchos entornos, ninguno de los dos candidatos resultaba idóneo para la mayoría de los electores, pues en primera vuelta el resto de candidatos más los votos nulos superaban los 2 tercios del total. Es decir, menos de 1 de cada 3 arequipeños encontraba en Cáceres o en Ísmodes un candidato digno de su voto.

De este modo, ante la segunda vuelta, comenzó a circular por las redes una tendencia de procurar mantener esas cifras y lograr que ningún candidato obtuviera lo necesario para gobernar, y se tuviera que convocar a nuevas elecciones, en aras de lograr nuevos y mejores candidatos.

Lo cierto es que era un argumento complicado: no queda claro qué sucede con un voto nulo mayor a 2 tercios en segunda vuelta: si se repite todo el proceso electoral o sólo se convoca de nuevo a la misma segunda vuelta con los mismos dos candidatos sin representación popular. Y, además, eso implicaba que en 2 meses de elevada campaña ninguno de los candidatos a segunda vuelta lograra hacer crecer su voto. Era verdaderamente difícil aunque, ciertamente, no imposible.

De este modo, el argumento de los promotores del mal menor era que se debía votar por Ísmodes, un hombre envuelto en casos de corrupción, para evitar a Cáceres, un hombre envuelto en casos de violación. Es decir: legitimar un mal menor para evitar un mal mayor. Muy típico.

Indudablemente, no es la primera vez que la población arequipeña se ha encontrado con argumentos de esta índole. Ya en la primera vuelta, para la elección del alcalde provincial de Arequipa, un sector aseguraba que, si bien la candidata ideal era una señorita, ella nunca iba a lograr ganar las elecciones y que votar por ella era darle el voto al mal mayor frente al mal menor con posibilidades reales. ¿Conclusión? Ganó ese mal menor, que hasta firmó compromisos increíbles, y la intención de voto por la señorita ideal se redujo a un mínimo extraño en las encuestas.

También, si vamos más atrás a nivel nacional nos encontramos con la misma lógica: Ántero, ese viejito buena gente con más experiencia que todos sus contrincantes juntos y que era, con diferencia, un candidato muchísimo menos malo que los demás, no tenía opciones de alcanzar la presidencia. Entonces, había que votar por el mal menor, porque el bien no tenía opciones reales y hay que ser realista, ante todo. ¿Conclusión? Ganó PPK para evitar a Verónika Mendoza y se vino todo lo que estamos sufriendo ahora, referéndum incluido.

Pero esto no es algo exclusivo de nuestros lares. Literalmente, toda su vida democrática España ha vivido el mismo argumento, donde el voto útil y el mal menor han tenido secuestrada a media nación en favor del PP.

La verdad es que, si miramos para atrás con el fin de buscar modelos cristianos en pro del mal menor y buscamos inspiración en los macabeos, en los mártires de los primeros siglos y los de ahora, en todos los santos de la historia de la Iglesia… en ninguno de ellos encontraremos algo parecido al argumento del “ser realista ante todo” o del voto útil sobre el voto ético. Más bien, en todos encontraremos ejemplos de lo opuesto. Y que cada quien busque, a ver.

El hecho es que todo acto político es un acto ético, por lo que a la hora de actuar en política lo que ha de primar es la ética. ¿Y qué nos dice la ética del mal menor? Que todo mal menor, como mal, es detestable. Nunca se elige un mal sino es con un asco repugnante extremo, porque no existen otras opciones mejores y estás obligado a elegir uno de entre diversos males.

Existiendo una opción buena, el mal menor no es elegible y, si alguien lo elige ligera y superfluamente, es porque no considera que esa opción sea realmente mala, sino sólo como discurso: como aquel empresario que se enriquece provocando la miseria de muchos y dice muy de boca para fuera: “¡Ay, sí, qué pena los pobres!” Decir que un candidato es malo y votar por él sin asco no es considerarlo verdaderamente malo, ni menor ni mayor ni nada.

Pero lo más doloroso es que los promotores del voto útil no se quedan sólo en lo que ellos hacen, sino que, cuando pierden, cargan de la responsabilidad de que haya ganado el mal mayor a aquellos que realizaron el voto ético: “¡Gracias a los votantes de VOX por poner a Carmena en Madrid!” “Malditos irresponsables, con su súper moral del voto nulo han hecho que un violador sea nuestro gobernador. ¿Darle el poder a un violador es ético?”

Los que así hablan demuestran con sus palabras que entienden la política en lógica maquiavélica: como la lucha por el acceso al poder o por mantenerse en él. Pero no es esto lo que nos enseña la Iglesia. La política no es la lucha por el poder sino la búsqueda del bien común. Esto es, que cuando un elector va a votar no debe primar en él su análisis de las probabilidades de acceder al poder, sino su búsqueda del bien en el rechazo de todo mal, ya sea mayor o menor. Y si sólo hay opciones malas, buscar no lo más útil sino lo menos malo, por muy improbable que sea. Por eso el voto es secreto y personal: porque cuando uno vota no tiene que estar pensando en lo que votan los demás, de modo maquiavélico. Cuando uno vota, vota y ya, expresa su representatividad. Lo demás es pura quimera.

Para quien en esta segunda vuelta de Arequipa sólo había males, el mal menor no es el que evita el acceso al poder del mal mayor: eso es el voto útil. El mal menor es el que busca, incluso siendo un mal, un bien. Quien votó nulo y no lo hizo por desinterés sino para procurar una difícil nueva elección, y lo hizo con espíritu cristiano, lo hizo con asco, sabiendo que si ganaba provocaría mayores gastos al Estado en una nueva elección, pero lo hizo buscando un buen candidato que se presentara en unas nuevas elecciones. Lo hizo buscando un bien. Pero, encima, le dicen que por su culpa ha ganado el mal mayor.

Al respecto es necesario recurrir a la doctrina moral del doble efecto. Cuando un doctor, por ejemplo, recibe a una paciente con embarazo avanzado que ha sufrido un accidente y ambas vidas peligran, le es lícito, si lo hace con la intención de salvar las dos vidas, adelantar la cesárea sabiendo el riesgo vital que esto implica para el niño. Si en el proceso el niño muere, no podemos decir que el médico practicó un aborto, porque nunca deseó procurar la muerte del niño. Ésta fue un doble efecto indeseado de una práctica que, en previsión de los riesgos que implicaba, buscaba el bien: salvar las dos vidas.

De igual modo, no es atribuible la victoria de Cáceres a quienes realizaron un voto nulo, del mismo modo que quienes promovían la nulidad de las elecciones no se llenan la boca culpando a quienes migraron su voto del candidato de primera vuelta a uno de los dos contendores de la segunda. Los únicos responsables de la victoria de Cáceres son los que votaron por Cáceres.

En las elecciones de una democracia liberal ningún voto resta, sólo suma. La lógica falaz de que el voto nulo le quitó algo a Ísmodes es irreal. El voto nulo sumó al voto nulo, el voto a Cáceres sumó a Cáceres y el voto a Ísmodes sumó a Ísmodes. Que Cáceres sumara más que Ísmodes no es culpa del voto nulo que, además, apenas creció en un 10% con respecto a la primera vuelta.

Lo siento, amigos promotores del voto útil. El enemigo de mi enemigo no es mi amigo. Eso del antivoto es maquiavelismo puro, y dista enormemente de reflejar un sentir católico. Realizar el bien sabiendo que el mal acecha es una lucha constante, y en un sistema de democracia liberal es muy difícil que prime la razón y el bien común, es muy difícil que el mal no abunde por doquier.

Pero es imposible vencer el mal a base de mal, por muy menor que sea. El mal sólo se vence a base de bien, por muy difícil que parezca. ¿A lo mejor desean un ejemplo? Miren a Polonia. “¡Pero eso no es replicable aquí, es imposible!” ¿Quieren ver cómo lo imposible se vuelve posible? Hace dos meses votar en España por VOX era, supuestamente, quitarle opciones al PP, mal menor, frente al PSOE, mal mayor. Hoy, en cambio, votar por VOX es una opción real. ¿Por qué? Porque unos cuantos andaluces dejaron de creerse el cuento del voto útil. Nosotros, en Perú, ¿para cuándo? De nosotros mismos depende.

Pd.: Aclaración necesaria: está lejos de la lógica de este post situar a VOX como un partido político bueno. Como todo partido liberal que no reconoce el reinado social de Cristo, dista mucho de ser una propuesta buena en sí. Ya veremos ahora en su actuar en Andalucía y donde consigan representación si cumplen lo prometido en favor de la ley natural: ya el tiempo nos mostrará de qué están hechos. Lo que son, sin duda (y es lo que en este post se expone), es un ejemplo de que lo que un día es imposible y criticado por el elector utilitarista, al día siguiente puede superar ese argumento y volverse una opción viable.


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Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo
Seglar, esposo y padre de familia católico. Filósofo por la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, conferencista y Experto en Comunicación Católica por la ULIA. Profesor de Educación Superior en Fundamentos para el Desempeño Profesional y Competencias Personales para el Trabajo en el ISUR y Asistente de Proyectos de Información Política en el Centro de Gobierno José Luis Bustamante y Rivero de la UCSP. Articulista de opinión y cultura católica en InfoCatólica y Encuentro.

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