Mucho se comenta sobre el triunfo de Bolsonaro, muchos lo aclaman como el salvador del Brasil y de toda latinoamérica. Así es cuando no hay buenos líderes.

Algunos amigos me escriben y comentan como si yo estuviera bailando en un pie de alegría después del triunfo de Bolsonaro en Brasil, en realidad no, lo que me alegra es la derrota de la progresía socialista brasileña, repito BRASILEÑA, lo vuelvo a repetir, SOLO BRASILEÑA.

¿Cómo veo a Bolsonaro? pues es un protestante cuya personalidad no es muy atrayente que digamos, para algunos resultará incluso poco social. Algo que la propaganda progresista usará muy bien en su contra para crear una imagen de hostilidad y poco “diálogo”. Pero esto, para la gente seria, es algo irrelevante, afectará sólo a los que rebuznan lo que los medios progres les mandan a rebuznar.

Algo que sí resulta preocupante es su marcado neoliberalismo y capitalismo muy unido a una suerte de servilismo hacia EEUU e Israel. Cualquiera con dos dedos de frente entiende lo destructivo y divisorio que termina siendo el neoliberalismo a ultranza, aquel que polariza todo de forma antinatural (porque la única polarización buena y natural es aquella que se hace entre el bien y el mal), atrayendo a gente buena con ideas poco claras y mezclándolas con la peste liberal e inmoral; todo para que luego, una vez terminado su tiempo de apogeo, sean víctimas del peor y más vil contra-ataque de la izquierda y su propaganda.

¿Cómo veo a todos los que se alegran por este triunfo y casi lo ven como mesías? pues, los entiendo. Sobre todo de cara a la inmoralidad que gira en torno al progresismo filomarxista (y que siempre es muy bien capitalizado por los liberales): ideología de género, aborto libre, drogas, etc. En el caso de Brasil esto despuntaba mucho más que en otros países con la Izquierda del PT, abiertamente comunista, castrista y chavista, la vomitiva unión con el Foro de Sao Paulo, sumisos todos ellos a la propaganda LGTBita de la ideología de género, el Feminismo de género más asqueroso que uno se puede imaginar en la actualidad, la psicosis ambientalista (también neomarxista), la delincuencia por los cielos, y claro, la gran promotora religiosa de todo este espantoso horizonte brasileño: la Conferencia Episcopal, que además de todo lo dicho anteriormente fomenta la pérfida teología de la liberación, doctrina madre o promotora de todas las desviaciones mencionadas.


Reunidos en Itaici, São Paulo, 172 obispos aprueban el documento agrorreformista y por tanto filo-socialista/comunista “Iglesia y problemas de la tierra” de 1980. Son los mismos que apoyaron y promovieron infatigablemente a los políticos que han pervertido al Brasil y lo han dejado tal como lo conocemos hoy.
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Ex sacerdote Leonardo Boff, padre de la teología de la liberación (tergiversación marxista del cristianismo) y Lula en 1994

Un país con un nivel de corrupción tan alto que ha arrastrado a muchos otros en su corrupción. Es decir, es perfectamente entendible que el grueso de personas con el mínimo de cordura esté “desesperada” por un líder “fuerte” que haga frente a toda esta debacle social, política y económica. Sin embargo, entendible no significa justificable.

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Mons. Angélico Sandalo Bernardino en un acto litúrgico en honor al expresidente Lula allí presente horas antes de que el líder izquierdista se entregara a las autoridades para cumplir la pena de 12 años y un mes que deberá cumplir por delitos de corrupción y lavado de dinero. En la foto se observa también a la expresidenta Dilma.
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El apoyo filosocialista de la jerarquía eclesiástica brasileña a los partidos y políticos de izquierda es la gran culpable de que millones de católicos brasileños hayan votado por políticas públicas en favor de la ideología de género entre otras muchas inmoralidades.

Una persona “desesperada” va detrás de cualquiera que en algo pueda aminorar su sufrimiento; imbuido en esa sed irracional es capaz de entregarse al primero que se le presente sosteniendo un parecido mínimo al líder buscado; de allí que hayan tantos que, cual quinceañera enamorada, hacen de personajes como Trump, Putin, y ahora Bolsonaro, los causantes de sus suspiros políticos. Está de más decir que un católico no puede rebajarse a esta irracional desesperación ¿Comer en una carretilla ambulante es mejor que comer en la basura? pero por supuesto, pero jamás será mejor que un banquete en casa. Un católico no puede sentirse satisfecho con tan poca cosa, debe buscar a como dé lugar BUENAS opciones teniendo como paradigma aquel católico de probada virtud, versado en la doctrina de la Iglesia, con vocación de servicio al bien común y que ame a Dios más que a su propia vida. Solo cuando tengamos un líder con estas características podremos estar verdaderamente contentos ¿No los hay? pregúntate entonces ¿Qué haces tú para que lo haya? recuerda que en el juicio final darás cuentas a Dios justamente de lo que como laico te competía en el orden temporal. 

Si Cristo no reina en este mundo es porque sus militantes no quieren proclamarlo como rey.


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Samuel J. Soldevilla Burga

Estudió Filosofía y Sagrada Teología en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Derecho en la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Música en la Schola Cantorum del Seminario Santo Toribio, así como con profesores particulares especialistas en música sacra y canto gregoriano. Fundador y presidente de Traditio Invicta, a pesar de sus innumerables limitaciones, se desempeña como Director General del Área de Comunicaciones de dicha institución y purga sus pecados como profesor en la Schola Cantorum Traditio Invicta.

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